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Archive for the ‘Tecnología’ Category

La metáfora es una de las herramientas más valiosas en el periodismo científico, un recurso muy poderoso cuando se trata de divulgar, a públicos no especializados, cuestiones complejas, fenómenos abstractos o procedimientos sofisticados, asociándolos, con imaginación y algo de humor, a objetos o circunstancias de nuestra vida cotidiana, a elementos que sí nos resultan familiares.

Revisando la Retórica de Aristóteles, donde la metáfora ya aparece entre las virtudes de todo buen orador, la colombiana Clarena Muñoz, en su artículo El rol de la metáfora léxica en la divulgación científica, explica que “las metáforas facilitan la persuasión a partir de un doble efecto: por un lado dan la impresión de que el discurso es natural y lo natural es verosímil; y por otro, causan asombro dado que el discurso resulta ingenioso. Con lo anterior, la metáfora logra llevar al oyente, de una disposición de ánimo contrario, a aceptar el punto de vista del orador. La persuasión requiere conmover y explicar, enseñar y las metáforas, según el filósofo, incitan a la indagación y ello torna agradable el aprendizaje”. Hay en esta herramienta, por tanto, tanta razón como emoción, tanto corazón como cerebro, algo que ya se sabía, y se aprovechaba, en la retórica ateniense de hace más de dos mil años. 

Son infinitas las metáforas que han triunfado en la comunicación científica, desde el árbol de la evolución de Gould, al sistema planetario con el que Bohr explica su modelo del átomo, pasando por la escalera de mano con la que Sampedro se acerca a la estructura del ADN o la imagen de un invernadero que encontramos en los escritos de Fourier referidos al calentamiento de la atmósfera. En definitiva, añade Clarena Muñoz, el uso de metáforas “implica una fuerza comunicativa que lleva a la realización de variados roles funcionales que van más allá de la explicación de conceptos: sirven para expresar actitud emocional, cultivar la intimidad, crear efectos humorísticos, argumentar por analogía, sostener ideología, hacer llamados metafóricos a la acción y destacar y poner en primer plano. Precisamente, esta variedad de funciones son las que, en su realización, contribuyen a la estructuración de textos más cercanos y familiares para el lector no experto”.

La búsqueda de metáforas es una de mis ocupaciones profesionales favoritas, sobre todo cuando me llaman los compañeros de los Informativos Diarios de Canal Sur Televisión para que acuda a explicar alguna noticia de actualidad vinculada a la información científica o ambiental. El público en este caso no es el que visita un programa especializado, donde un porcentaje importante de espectadores están familiarizados con estos temas, sino que se trata de la audiencia heterogénea que busca estar informada de todo lo que ocurre en el mundo, en su mundo más cercano pero también en el que más se aleja de su entorno inmediato y de sus conocimientos.

¿Qué ocurrió en Estados Unidos con el sarampión cuando llegó la vacuna?

Una de las palabras que más estamos oyendo estos días, que más vamos a oír en las próximas semanas y meses es “vacuna”. Un recurso que la Medicina viene utilizando con éxito desde finales del siglo XVIII y que ha servido para erradicar la viruela y mantener a raya otras terribles enfermedades como la difteria, el tétanos, el sarampión o la poliomielitis. Ahora toca combatir la COVID y la vacuna, las vacunas, se presentan de nuevo como el mejor recurso para domar la pandemia.

Por este motivo Álvaro Moreno de la Santa, director de “Despierta Andalucía”, el informativo más madrugador de la televisión pública andaluza, me pidió que, una vez más, acudiera a su  programa para explicar el funcionamiento, la seguridad y la disponibilidad de las diferentes vacunas que están en desarrollo para frenar la COVID. Y una vez más tuve que ponerme a estudiar, a consultar declaraciones de especialistas, empresas y organismos de control, a contrastar noticias, a leerme algunos papers, pero, sobre todo, tuve que ponerme a buscar una buena metáfora, una metáfora sencilla y efectiva que nos permitiera presumir en directo de una ciencia para todos los públicos, porque ese debe ser el objetivo, creo, de una televisión comprometida con el servicio público.

Y así es como apareció el ladrón como figura metafórica. ¿Qué ocurre cuando nos infectamos con un patógeno, en este caso con el virus de la COVID? Pues que un ladrón se nos cuela en casa y comienza a hacer de las suyas. Con un poco de suerte nos daremos cuenta de la intrusión y pondremos en marcha todos los recursos posibles para defendernos: gritaremos, llamaremos a la policía, cerraremos todas las estancias que podamos, agarraremos el palo de la fregona para hacerle frente, azuzaremos a nuestro perro… Es posible que poniendo en juego un buen número de mecanismos de defensa consigamos que la intrusión se quede en un susto y alguna que otra molestia pasajera (una ventana rota, unos cajones abiertos…), o, tal vez, no consigamos, a pesar de todo, evitar que la cosa llegue a mayores y la pérdida de bienes valiosos y los destrozos sean cuantiosos e irreparables. Así actúan los ladrones cuando consiguen entrar en casa y así les hacemos frente, con resultados, eso sí, desiguales.

¿De qué manera actúan las vacunas para defendernos ante este tipo de intrusiones? De manera simplificada las vacunas tratan de engañarnos haciéndonos creer que un ladrón ha entrado en casa para que, de esa manera, pongamos en juego todos los mecanismos de defensa que nos serán muy útiles cuando el verdadero ladrón aparezca. Simplificando: si le soltamos la correa al perro ya estará listo para atacar al primer intruso que aparezca (y si lo ha olido antes lo reconocerá de inmediato).

¿Todas las vacunas actúan igual, todos los engaños son similares? No, existen diferentes tipos de vacunas que ofrecen distintos engaños, algunos muy simples y otros muy sofisticados. En el caso de la COVID estamos usando desde las más sencillas trampas hasta las más avanzadas y complejas. Volvamos a nuestro ladrón para que nos ayude a entender las características de este catálogo sanitario con el que vamos a convivir durante los próximos meses:

* Vacunas elaboradas a partir de virus vivos atenuados, inactivados o muertos, o bien usando fragmentos de virus. Todas las alarmas de nuestra casa saltan cuando vemos entrar al ladrón, pero el ladrón viene esposado de pies y manos, viene drogado y apenas se tiene en pie, o le han amputado brazos y piernas. De acuerdo que es un ladrón y ha entrado en casa pero poco daño nos puede causar en las lamentables condiciones en las que aparece, aún así le azuzamos el perro, llamamos a la policía y lo mantenemos a raya con el palo de la fregona. Todos estos recursos (anticuerpos elaborados por nuestro sistema inmunológico) quedan activados y listos para frenar a un posible ladrón en plenitud de facultades (un virus con capacidad para enfermarnos). De este tipo son algunas de las vacunas para la COVID que se están desarrollando en China (Coronavac y Sinopharm), aunque estas muy posiblemente no lleguen a usarse en Europa.

* Vacunas de vector recombinante. Usamos a un intruso que no es peligroso para que lleve al interior de nuestro domicilio el mensaje, inquietante, de un ladrón al que somos capaces de reconocer. Es decir, entra en casa el cartero, sin llamar, y aunque nos sorprende no vemos en ello una amenaza (el cartero no viene a hacernos daño). Sin embargo, el cartero trae un telegrama que nos avisa de la llegada inmediata de un ladrón, de hecho el propio cartero nos enseña una foto que le ha hecho con su móvil cuando se lo ha encontrado en el portal de nuestra casa. Vemos la imagen y concluimos que es, sin duda, un ladrón. Ponemos en marcha, de inmediato, todos los mecanismos de defensa y esperamos a que llegue, si es que llega, para hacerle frente bien preparados.

Este tipo de vacunas usan un “vector” amigable, un elemento, inocuo, que sirva para trasladar al interior de nuestro organismo la información de un virus que sí es dañino, de manera que nuestro sistema inmunológico lo reconozca y se ponga en guardia para recibirlo (si es que finalmente llega). Así trabaja la vacuna COVID que ha desarrollado la Universidad de Oxford con la farmacéutica británico-sueca AstraZeneca: usando (a modo de cartero) un adenovirus inactivado que causa el resfriado común en los chimpancés, inocuo para los humanos y sin capacidad para reproducirse, introducimos en el organismo el gen capaz de producir la proteína característica del virus de la COVID (la foto del ladrón), haciendo que nuestro sistema inmunológico la reconozca y se ponga en guardia para recibirlo como merece (si es que finalmente llega).

Un procedimiento similar usan las vacunas china CanSinoBIO de Petrovax , la británica Ad26.COV2.S de Johnson & Johnson y la rusa Gam-COVID-Vac o Sputnik V (precisamente AstraZeneca acaba de anunciar que estudiará una combinación de vacunas usando la suya y la rusa para ver si así aumenta la efectividad del preparado).

«La picadura de la vaca» es el título de esta viñeta satírica que ponía en cuestión la vacuna contra la viruela descubierta por Jenner.

¿Suena muy sofisticado lo de usar otro virus como vector? ¿Nos causa inquietud esta fórmula? Pues se basa en el mismo principio con el que Edward Jenner desarrolló la primera vacuna de la historia en 1796, aunque en realidad el médico británico no sabía exactamente cómo funcionaba el remedio que había descubierto para frenar la viruela. El caso es que aquellas personas que eran expuestas a la viruela bovina (por eso vacuna viene de vaca) no desarrollaban la viruela humana o la sufrían de una manera mucho más leve. El virus bovino, que apenas causaba daño a los humanos, servía para conducir información suficiente de aquel otro virus que sí resultaba peligroso, de manera que el sistema inmunológico se preparaba para su posible llegada. Hay que recordar que a Jenner lo tomaron por un médico extravagante, por no decir un loco peligroso. A pesar de su descubrimiento la viruela se calcula que mató a unos 300 millones de personas a lo largo del siglo XX (en 1980 se declaró oficialmente desaparecida en todo el planeta, siendo la única enfermedad infecciosa humana que hemos logrado erradicar, y lo hemos conseguido gracias a las vacunas).

¿Qué ocurrió en Suecia con la viruela cuando llegó la vacuna?

* Vacunas de ARN mensajero (ARNm). Aquí es donde está la auténtica revolución y también el miedo a lo desconocido. Nunca, hasta que apareció el virus de la COVID, se habían desarrollado vacunas para humanos aplicando esta técnica. ¿Cómo funciona? Sigamos con la misma metáfora: para engañar a nuestro sistema inmunológico no hace falta que entre un ladrón mermado a nuestra casa (virus atenuado), ni necesitamos que el cartero nos avise de su llegada y nos enseñe su foto (vector recombinante), basta con saber escribir un mensaje que cause la alarma precisa y añada las instrucciones necesarias para que su destinatario (nuestro sistema inmunológico) actúe como si el mismísimo ladrón estuviese delante de sus narices. Ningún enemigo ha cruzado la puerta de casa, ha bastado con que deslicen bajo el umbral un sobre con las señas de identidad del intruso (que en realidad no ha entrado en casa) y las actuaciones recomendadas para neutralizarlo.

Recurriendo a un artículo de Maldita Ciencia no es difícil explicar este mecanismo a escala celular: “En cada célula de cada organismo vivo hay una molécula de ADN que contiene la información genética de ese ser vivo. Está compuesta por una serie de cuatro bloques, y esa secuencia da instrucciones para fabricar proteínas. Para que este proceso se lleve a cabo hace falta un intermediario, el ARN, que lleve la información genética del ADN a la maquinaria celular responsable de sintetizar las proteínas”. En el caso de estas nuevas vacunas se trata de fabricar en laboratorio un ARN mensajero que, una vez inyectado, sea capaz de engañar a nuestras células pidiéndoles que fabriquen las proteínas características del virus de la COVID. Una vez estas proteínas se han generado el sistema inmunológico las reconoce (son las señas de identidad de un patógeno que en realidad no ha entrado en nuestro cuerpo) y obra en consecuencia: genera los anticuerpos específicos para ese virus, de manera que ya estamos listos para defendernos de una posible infección.

Salgamos, por último,  de la metáfora del ladrón para usar una metáfora culinaria con la que completar la explicación. «Por utilizar una analogía que se entienda”, detalla este artículo publicado en la web de la Universidad de Harvard, “el ADN sería como un libro de recetas en una biblioteca: en él están las recetas almacenadas pero no se utilizan. Los pinches de cocina entonces hacen una copia de una receta concreta (este sería el ARNm) y la llevan a la cocina (la maquinaria celular) donde el chef va añadiendo los ingredientes en el orden y cantidades que marca la receta y así hace la tarta (estas serían las proteínas)«.

Así funcionan las vacunas de Pfizer-BioNtech y de Moderna. La primera de ellas ya se está administrando en el Reino Unido y ha logrado autorización de uso en Estados Unidos.

Por cierto, y en lo que se refiere a los miedos que esta vacuna provoca, las moléculas de ARNm son muy frágiles y desaparecen una vez que han cumplido su misión. En ningún caso entran en el núcleo de la célula, donde está el ADN; en ningún caso lo modifican, y en ningún caso se quedan en nuestro cuerpo. En definitiva, no tienen capacidad alguna para alterar nuestro ADN, nuestro genoma, nuestro perfil genético. Es cierto que este tipo de vacunas necesitan ser evaluadas con mucha precisión por su novedad, y por los posibles efectos secundarios que puedan originar, como todas las vacunas o cualquier otro medicamento novedoso o no (1), pero es falso atribuirles la capacidad de modificar genéticamente a los individuos que las reciban.

Durante los próximos meses habrá que estar muy atentos a la efectividad real de todas estas vacunas y a cómo van frenando la expansión de la pandemia. Jamás en la historia de la humanidad se ha realizado un esfuerzo científico de este calibre en pocos meses, pero la urgencia no significa que se estén violando los mecanismos de seguridad: si estamos avanzando más rápido que nunca es porque nunca se han dispuesto tantos medios humanos y tantos recursos económicos en tan poco tiempo, porque nunca ha funcionado con tanta intensidad la cooperación internacional y porque ya llevamos un largo recorrido científico en la lucha contra todo tipo de patógenos y en el desarrollo de todo tipo de vacunas. No hagamos de una buena noticia una amenaza cuando, con todas las cautelas, nos brinda algo de esperanza en esta difícil situación.

(1) En 2017 un equipo de investigadores de la Universidad de Oxford publicó en The Lancet un artículo en donde se asegura que el riesgo a largo plazo de hemorragias graves y de muerte causado por el consumo de aspirinas es mucho mayor de lo que se pensaba, sobre todo en personas mayores de 75 años. En concreto, el estudio indica que sólo en el Reino Unido se contabilizan unas 20.000 hemorragias y alrededor de 3.000 muertes al año causadas por este tipo de medicamentos.

ACTUALIZACIÓN (a 13.12.20). La ciencia española también está presente en este reto planetario, y lo cierto es que la vacuna que se está desarrollando en el Centro Nacional de Biotecnología es de las más avanzadas y prometedoras. Quizá esté disponible a finales de 2021. El virólogo Luis Enjuanes, que lidera el equipo que está trabajando en ella, explica sus ventajas y también aclara los temores que asaltan a algunos ciudadanos. Una buena entrevista de Irene Fernández Novo en Nius Diario.

También, y gracias a un oportuno comentario de mi amiga Isabel López, catedrática de Genética (Universidad de Sevilla) siempre atenta a la divulgación, he podido precisar un poco mejor el procedimiento de la vacuna de la Universidad de Oxford y AstraZeneca. Aunque su matiz aparece ya en el texto, creo que merece la pena leer su comentario literal porque concluye añadiendo un elemento que parece ajeno a la ciencia pero que a mi también me resulta fundamental: la belleza.

«… el virus vector de la vacuna de Oxford no lleva la proteína de la espícula en sí misma, sino el gen que la produce, inserto en el ADN viral. Dado que el material genético (el “libro de recetas”) del virus está escrito en lenguaje de ARN, previamente e “in vitro” ha habido que “traducir” el mensaje a lenguaje de ADN. Una vez dentro de la célula humana el vector y su carga, la maquinaria celular vuelve a “traducir” el gen a ARN y este sirve para fabricar la proteína S que ahora va desencadenar la respuesta inmunológica ….. esperemos.
Un poco mas complejo pero muy hermoso también. Como un encaje de bolillos
«. (Isabel López)

ACTUALIZACIÓN (a 26.12.20). Como en las redes abundan los especialistas que escudándose en cualquier titulación en Ciencias opinan, sin rigor ni mesura, sobre el origen de la COVID, la incidencia de la pandemia o la efectividad de las vacunas, lo que provoca adhesiones ciegas de quienes necesitan certezas y dudas razonables en quienes necesitan explicaciones sensatas, he creído útil añadir el enlace a un artículo de Miguel Pita (Universidad Autónoma de Madrid) sobre el método científico. El comienzo, en pocas palabras, explica una cuestión decisiva: «En ciencia todas las opiniones valen lo mismo: nada, incluso las de los científicos».

Los post colaborativos son maravillosos, por eso recomiendo leer los comentarios que se van añadiendo al texto principal y que figuran al pie de este párrafo final.

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Comprar, tirar, comprar, tirar, comprar, tirar….

Me cuentan desde Kloshletter, citando a Xataka , que la Unión Europea ha dado luz verde al «derecho a reparar», un plan para limitar los productos electrónicos de un solo uso, alargar su vida útil, obligar a los fabricantes a facilitar el arreglo de los dispositivos y ofrecer más información sobre la capacidad de cada producto para corregir sus problemas de uso.

Ya era hora. El volumen de residuos eléctricos y electrónicos no deja de crecer y en gran medida se debe a la turbia estrategia de la obsolescencia programada y a los mil obstáculos que hay que sortear para elegir la reparación antes que prescindir de un producto y tener que volverlo a comprar. En no pocas ocasiones nos obligan a convertir en valiosa (y peligrosa) basura productos eléctricos o electrónicos a los que le falla una pequeña pieza, sufren una avería no demasiado importante o ya no pueden actualizarse (y el ejemplo que relato a continuación, vivido en mis propias carnes, creo que es bastante elocuente).  

El huracán del consumo nos devora. Da igual si hay confinamiento, el Black Friday online arrasa y sospecho que en Navidad la avidez por actualizar nuestros gadgets, averiados (sin reparación) y obsoletos (sin actualización), será la de siempre. Lo publicó WWF-Francia no hace mucho: en nuestro hogar, el de un país rico, se estima que almacenamos entre 3.000 y 4.000 objetos, unas quince veces más que nuestros abuelos. Impresionante.

Cada andaluz se deshace al año de más de 5 kilos de residuos eléctricos y electrónicos.

En el año 2016, detalla RAEE Andalucía, “se pusieron en el mercado a nivel estatal más de 620.000 toneladas de aparatos eléctricos y electrónicos (AEE) y desde el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente se marca un mínimo estatal de recogida de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) de más 489.000 toneladas para 2020. En el caso de Andalucía la recogida durante el año 2018 fue de 42 millones de toneladas, lo que supone una recogida de 5,11 kilos de RAEE por habitante al año”. Al margen de conducir estos residuos al lugar adecuado, ¿cuántas toneladas de estos desechos podrían evitarse reparando lo que es fácilmente reparable?

Nada mejor que un ejemplo personal, más bien una epopeya, para revelar este despropósito. Me ocurrió hace cuatro años, cuando mi flamante smartwatch dejó de funcionar.

Dentro chascarrillo (os copio un resumen de lo que entonces publiqué en redes sociales):

PRESENTACIÓN.- Dícese de un smartwatch Samsung Gear 2 (aunque fue un regalo, precio en tienda = 140 euros). A los tres meses de acabar la garantía (¡ oh casualidad !) deja de cargarse la batería. Reloj muerto. Visita al servicio técnico de Samsung. Primera respuesta original: «Sí, son los pines de carga, que en este modelo son muy malos y se estropean«. Atención al concepto «son-muy-malos» (para qué vamos a andar con florituras…). Segunda respuesta más original aún: «En este modelo ( ¡ oh casualidad !) esa pieza suelta no se puede sustituir, hay que sustituir la caja entera del reloj» (¿quién dijo miedo?). Tercera respuesta absolutamente original y sincera: «No te recomiendo la reparación porque te costaría unos 260 euros«.

¡¡ 를 낳았다 어머니 김정은 !! (¡¡ La madre que parió a Kim Jong-un !!, en coreano).

Esto… ¿260 euros? Es decir, casi como dos relojes completamente nuevos… Reflexión inmediata: los coreanos son gente muy lista (한국인들은 매우 똑똑한 사람들이다, en coreano).

Solución final a pie de Servicio Técnico: cómase el Samsung Gear 2 y cómprese uno nuevo… a ver si hay suerte y no trae ninguna pieza de esas que son «muy-malas» (아주 나쁜 조각, en coreano).

CUMBRE.- Localización de un sencillo tutorial en Youtube para sustituir en casa la pieza «muy-mala» con un simple destornillador y en cinco minutos. Operación apta para Torpes nivel C1 Pro Advanced.

Link: https://youtu.be/qSNnTEmNrlg

Localización en Ebay de la pieza original en un comercio británico. Precio con gastos de envío y conversión en euros = 20 euros (en comercios de Hong Kong, con gastos de envío, se puede conseguir pieza no original a 6 euros).

Link: http://www.ebay.es/itm/Genuine-Samsung-SM-R380-Gear-2-SM-R381-Gear-2-Neo-Gold-Charging-Connector-GH5-/331779175580?hash=item4d3f94749c:g:EhgAAOSw4s9Xk9de

DESENLACE.- Pieza recibida. Pieza sustituida en cinco minutos. Reloj funcionando a la perfección. Diferencia de precio con el Servicio Técnico de Samsung: 240 euros (a favor de un servidor), y, además, un aparato electrónico menos a la basura.

Reflexión final: los coreanos son gente muy lista (한국인들은 매우 똑똑한 사람들이다, en coreano).

La prueba gráfica de la epopeya: la pieza llegada del Reino Unido, el destornillador y la trasera de mi smartwatch a punto de ser destripado siguiendo el tutorial de Youtube.

PD: El lado oscuro de la globalización tiene algunas fisuras que los consumidores bien informados podemos aprovechar, pero es mucho mejor que las autoridades europeas pongan un poco de orden en esta selva.

El derecho a reparar, próximamente en «Espacio Protegido» (Canal sur Televisión).

Epílogo: Cuatro años después de mi reparación el reloj sigue funcionando a la perfección, aunque ya se ha quedado viejo, porque la obsolescencia no sólo se practica en el diseño material del aparato en cuestión sino también en sus prestaciones, en sus actualizaciones y en su capacidad para interactuar con otros dispositivos. Pero bueno, no es lo mismo que algo deje de ser operativo a los dos años que esa obsolescencia se alcance a los seis años, algo he ganado…

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yogacity11

Me muevo (a gran velocidad), luego existo. Y a lo mejor resulta que la existencia, orientada al bienestar, es otra cosa…

«Era un vendedor de píldoras perfeccionadas que calman la sed. Se toma una por semana y no se siente más la necesidad de beber.
– ¿Por qué vendes eso? – dijo el principito.
– Es una gran economía de tiempo – dijo el vendedor. – Los expertos han hecho cálculos. Se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.
[…] ‘Yo – se dijo el principito – si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, caminaría lentamente hacia una fuente…»

(El principito, Antoine de Saint-Exupéry)

En los últimos años asistimos a una nueva revolución en la movilidad, revolución dictada, sobre todo, por la necesidad de moderar el consumo de energía y neutralizar así la contribución que un transporte insostenible tiene en el cambio climático.

Los sistemas de transporte público se potencian con mejoras tecnológicas y sistemas de gestión capaces de lograr la máxima eficacia, la mayor comodidad y el menor coste. Aparecen nuevas modalidades de transporte colectivo, en grandes áreas urbanas, basadas en metros, tranvías, corredores ferroviarios o enlaces marítimos. Sencillas adaptaciones del viario hacen que las bicicletas se conviertan, por fin, en medios de transporte muy atractivos en la mayoría de nuestras ciudades. Se bonifica la sustitución de vehículos a motor convencionales por aquellos otros de propulsión híbrida, y comienza la adaptación de nuestras ciudades a la llegada de los primeros vehículos eléctricos.

Los peatones recuperan el protagonismo perdido, ese que tuvieron a principios del siglo XX, cuando no tenían que pelear su espacio con los automóviles. Las zonas peatonales, denostadas durante años, se imponen en el nuevo modelo de ciudad sostenible, de ciudad pacificada.

Este cambio de paradigma se beneficia, en parte, de la sustitución de desplazamientos que se ha originado a partir de los nuevos sistemas de comunicación. La telefonía móvil y todos los servicios que ya se asocian a la misma (desde una videoconferencia hasta una operación bancaria), la posibilidad de disponer de acceso a Internet en casi cualquier punto de nuestra geografía y la extrema portabilidad de los ordenadores, hacen posible el alejamiento de los centros productivos. Muchos trabajadores ya no necesitan moverse para cumplir con sus obligaciones laborales, y muchos ciudadanos resuelven múltiples gestiones desde su hogar o desde cualquier punto en donde su smartphone o su tablet le proporcione acceso a Internet.

El teletrabajo ofrece una posible solución, aunque sea parcial, al problema del transporte individual, haciendo que disminuyan los desplazamientos y con ellos la contaminación atmosférica y acústica, el consumo de energía, los atascos y la creciente necesidad de infraestructuras viarias. Sin embargo, advierten algunos autores, esta fórmula de empleo no es la panacea desde un punto de vista ambiental, porque, por ejemplo, puede originar una utilización relativamente ineficaz de la energía empleada en la calefacción y la iluminación de los hogares, ya que calentar e iluminar un gran espacio para un solo individuo, en vez de para muchos trabajadores que comparten una misma oficina, puede ser un despilfarro.

Incluso se anota un fenómeno paradójico por el cual el tiempo que se ahorra en desplazamientos, a cuenta de estos recursos telemáticos o de la mejora en los sistemas de transporte público, se emplea en nuevos desplazamientos, en una especie de espiral sin fin que parece conducirnos, lo queramos o no, al colapso.

Tratando de evitar este peligroso camino al precipicio es como nace ese heterodoxo movimiento ciudadano que defiende la aplicación de la etiqueta “slow” a todo lo que nos rodea: slow-cities, slow-travel, slow-food, slow-people… Quizá, entonces, haya que poner la mirada no tanto en la tecnología, o en las infraestructuras, como en la educación, favoreciendo otra manera de entender la existencia, otra manera de administrar el tiempo y el espacio. Porque si hay algo que caracteriza a los humanos del siglo XXI, al menos en las urbes más desarrolladas, es que no somos capaces de expresarnos sin movilidad y sin velocidad. Me muevo (a gran velocidad), luego existo. Y a lo mejor resulta que la existencia, orientada al bienestar, es otra cosa…

«Sin prisa» es una de las expresiones que más repito a lo largo del día, aunque con desigual resultado. La repito como un mantra y, sobre todo, trato de aplicármela a mi mismo, para que no me devore la velocidad. Prefiero que alguien llegue un poco tarde a esa cita tan esperada a que lo haga jadeante y con la cara de estrés del que ha antepuesto el reloj al placer, que siempre, siempre, es slow

 

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bn PISCINA

¿Tienen miedo? ¿Les preocupa no saber nadar? ¿Les incomoda el tamaño de la piscina? ¿Necesitan algo más para divertirse?

El sábado pasamos una mañana fabulosa en A pie de calle. Allí impartí, para un grupo de amig@s, animosos y benevolentes, un sencillo taller sobre Ciencia, Arte y Redes Sociales, una extraña mezcla que nació de mi atrevimiento (sin límites) y del reto que me planteó mi amiga Charo Corrales (el alma de A pie de calle). Como suponía, sobre todo a la vista del alumnado, no hubo dificultad alguna para mezclar el bizcocho casero que nos había cocinado Charo (así se empieza un taller con clase) y la alta tecnología móvil que estábamos dispuestos a domar en unas cuantas horas. Pudimos mezclar, con soltura, la seriedad y la risa; la teoría y la práctica; Instagram y Twitter; la Ciencia y el Arte (aunque creo que, al final, hubo más de lo segundo…).

Para resumir lo que allí ocurrió no se me ocurre nada mejor que rescatar cinco citas que me sirvieron, en el inicio del taller, para situar cinco ideas sobre las que ir apuntalando todo el material que venía después. Sólo cinco principios para saber quiénes somos y qué buscamos…

1.- Somos principiantes.

“A la mente del principiante se le presentan muchas posibilidades; a la del experto, pocas” (Shunryu Suzuky, Mente Zen, Mente de Principiante).

2.- Trabajar con restricciones estimula la creatividad.

“Cuando se le fuerza a trabajar dentro de unos límites muy estrictos, se puede sacar el mayor partido de la imaginación” (T.S. Eliot)

3.- Alcanzar la simplicidad es el objetivo (aunque no es fácil).

“Hay que hacerlo todo lo más simple posible, pero no más simple que eso” (Albert Einstein)

4.- La historia es más importante que los datos.

“Nuestro cerebro está construido para contar y escuchar historias, todos nacemos siendo auténticos cuentacuentos (y auténticos escuchacuentos)” (Garr Reynolds)

5.- ¿En dónde está la verdadera fuerza de la imagen?

“Muchos fotógrafos piensan que si compran una cámara mejor serán capaces de hacer mejores fotos. Una cámara mejor no hará nada por ti si no hay nada en tu cabeza o en tu corazón” (Arnold Newman)

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Así empezamos…

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Y así terminamos…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y luego, cuando se disiparon todas las ideas y se apagaron todas las palabras, nos perdimos por las calles de Triana a descorchar botellas de Barbazul

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Portada

Cuatro fotografías espontáneas en las que se unen, durante un paseo por la costa gaditana, la Ciencia y el Arte (Fotos: JMª Montero)

Mi amiga Charo se trajo de Londres muchas cosas. El capítulo británico de su vida dio mucho de sí, y ahora, de vuelta en Triana, anda destilando ese espíritu cosmopolita que allí sobra y en esta ciudad tanto escasea (aunque se ha instalado en el barrio donde, quizá, mejor puedan entender esa mirada alegre y libre de prejuicios).

Charo se ha inventado un espacio donde casi todo es posible. Un rincón, A pie de calle, para el encuentro, el debate, el intercambio, la creatividad… Charo es una artista, y por eso le va ser muy difícil convertir en negocio lo que ha nacido para ser disfrutado sin mirar la cartera.

Trabajando en A pie de calle. Foto JMª Montero

Trabajando en «A pie de calle» (Foto: José María Montero)

También es verdad que Charo atesora un grupo de amig@s dispuestos a embarcarse en sus aventuras… por puro placer. Y así, por puro placer, es como han nacido las I Jornadas sobre Ciencia, Arte y Redes Sociales, una iniciativa que busca compartir conocimientos (insisto) sin mirar la cartera. Una propuesta de formación de alta calidad y bajo coste, porque lo peor que podemos hacer en medio de esta tormenta es quedarnos de brazos cruzados (sobre todo los que tenemos la fortuna de trabajar y, además, con un sueldo digno).

Aunque hay muchas maneras de revelar los vínculos que unen Arte y Ciencia nosotros, en A pie de Calle, os vamos a proponer el uso de las Redes Sociales como herramienta capaz de remediar, al menos en parte, esa absurda separación entre las Dos Culturas (Ciencia vs. Humanidades).

Partiremos de una microexposición de fotografía espontánea (Instagram) en el dominio litoral, una mirada artística y poco sofisticada en la que, sin embargo, se esconden las claves de no pocos procesos naturales que pasan inadvertidos en nuestras playas. La muestra servirá de prólogo a un taller intensivo sobre Ciencia, Artes y Redes Sociales cuyo escenario de prácticas será… la calle.

El activismo ciudadano, que nace y se alimenta en estas redes virtuales, también estará presente en las Jornadas, al igual que la productividad y la reputación, dos conceptos clave para todas aquellas personas que buscan un nuevo horizonte profesional en este tipo de experiencias. No se trata sólo de reflexionar y debatir, sino, sobre todo, de buscar el elemento práctico, la fórmula que nos permita desarrollar nuevas capacidades aplicadas a nuestro entorno académico o laboral.

Y estas son sólo las primeras piezas de una iniciativa que busca la complicidad de otros agentes y que, por tanto, está abierta a nuevas propuestas. ¿Quién se atreve a seguir sumando?

Programa de las Jornadas

  • Viernes, 22 de febrero // 19:30 h. //  Microexposición de fotografía espontánea // “Mirar con asombro”, de José María Montero.
  • Sábado, 23 de febrero // Taller intensivo “Ciencia, Arte y Redes Sociales” con José María Montero // De 9:30 h. a 14:30 h.
  • Lunes, 25 de febrero // Conferencia-Debate “Redes sociales y activismo ciudadano”, con Ángel Fernández Millán // 19:30 h.
  • Martes, 26 de febrero // Conferencia-Debate “Productividad y reputación en las redes sociales”, con Erika López // 19:30 h.

Profesorado 

–      José María Montero Sandoval es periodista especializado en información ambiental y divulgación científica. Director de “Espacio Protegido” (Canal Sur TV) y del Seminario Internacional de Periodismo y Medio Ambiente.

 –    Ángel Fernández Millán es periodista especializado en innovación y emprendimiento. Jefe de Relaciones Públicas de la Radio Televisión de Andalucía y vicepresidente de la Asociación para el Desarrollo de la Innovación en Andalucía (ADIA).

–     Erika López Palma es periodista especializada en información ambiental, divulgación científica y redes sociales. Responsable de Comunicación del CSIC en Andalucía y de La Casa de la Ciencia de Sevilla.

Matrícula: 10 euros (incluye las cuatro actividades previstas en esta primera fase de las Jornadas).

Información complementaria: http://trianaapiedecalle.wordpress.com/jornadas/ciencia-y-arte/

Inscripciones: info.apiedecalle@gmail.com

Localización: todas las actividades se desarrollarán en A pie de calle (http://trianaapiedecalle.wordpress.com/quienes-somos/donde-estamos/).

 

 

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La sombra del fotógrafo (Antonio Camoyán) se refleja en las aguas del Tinto.

El próximo sábado Espacio Protegido (Canal Sur 2, http://www.canalsuralacarta.es/television/programa/espacio-protegido/28) vuelve al río Tinto, en Huelva, para mostrar los últimos trabajos de investigación que, en este cauce singular, lleva a cabo el equipo de Ricardo Amils, un científico al que el tiempo ha dado la razón.

A mediados de los años 90 este catedrático de Microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid e investigador del Centro de Astrobiología (CAB) se echaba las manos a la cabeza cuando oía que la Administración se iba a embarcar en un ambicioso plan para la descontaminación de este cauce. Hasta tal punto consideró nefasto este proyecto que, temiendo su ejecución,  solicitó el amparo de la Unesco, al estimar que los tramos más valiosos del Tinto debían considerarse patrimonio de la humanidad. La iniciativa, que muchos tacharon de extravagante y desproporcionada, buscaba la protección de un enclave  único en el mundo, enclave que, finalmente, pudo salvarse.

Al margen de las serias dificultades técnicas que acarreaba, la descontaminación del cauce, sobre todo en sus tramos de cabecera, hubiera arrasado unos ecosistemas únicos que, como ha demostrado Amils, no son producto de la contaminación originada por la actividad minera, de la que, en esta zona, se tienen evidencias que se remontan al Calcolítico (cuarenta siglos atrás). En todo caso habría que hablar de una “contaminación natural”, de unas condiciones originadas por la actividad de algunos microorganismos que ya habitaban en estas aguas mucho antes de que se iniciara la extracción de minerales. Hace unos 350.000 años ya existían formas de vida capaces de alimentarse con los sulfuros metálicos que abundan en estas tierras, produciendo ácido sulfúrico y otros compuestos químicos que son los que otorgan la coloración y grado de acidez característicos a este río. Precisamente, los tonos rojizos que dominan en el Tinto se deben a la presencia, en grandes cantidades y en un medio ácido, del ión férrico.

Más allá de la sorpresa estética que causan unas aguas de cromatismo inusual, el Tinto esconde secretos que sólo están al alcance de los microbiólogos, para los que este río se ha convertido en uno de los laboratorios naturales más atractivos del mundo. Ya a finales de los 80 Amils describió la rica biodiversidad que albergan estas aguas, aparentemente sin vida. Desde entonces su equipo ha localizado más de un millar de hongos distintos, la mayoría sin clasificar, un centenar de algas, además de protozoos y bacterias que sólo cuentan con algunos parientes en volcanes submarinos.

El medio en el que se desarrollan estas formas de vida, bautizadas como “extremófilas”, podría tener ciertas similitudes con el que se manifiesta en algunos planetas, como Marte, razón por la que a este cauce han acudido expertos de la NASA y del CAB para ensayar técnicas y dispositivos que puedan ser útiles en la exploración de vida extraterrestre.

Además de servir como modelo para las hipótesis de los astrobiólogos, los organismos que habitan en medios hostiles son muy apreciados por sus aplicaciones en biotecnología. El uso de bacterias o plantas superiores en procesos de descontaminación se ha convertido en una de las técnicas más esperanzadoras a la hora de resolver situaciones críticas, como los vertidos petrolíferos o la contaminación de suelos.

Los microorganismos del Tinto, por ejemplo, podrían usarse para extraer los componentes metálicos de los minerales, sustituyendo a las clásicas técnicas de pirometalurgia, mucho más agresivas con el medio ambiente. Asimismo, podrían usarse para secuestrar metales pesados en medios contaminados o desarrollar sustancias de interés farmacológico.

Los últimos trabajos del equipo de Ricardo Amils en el río Tinto: http://www.arndigital.com/cultura-y-sociedad/noticias/1067/en-busca-de-vida-en-las-entranas-de-rio-tinto/

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Mapa que muestra cómo se distribuye la iluminación nocturna en Andalucía.

 

En ocasiones a los periodistas se nos permite asomar nuestras narices en territorios absolutamente desconocidos. Territorios en donde se cuentan historias que nada tienen que ver (aparentemente) con el interés público, y en los que habitan personas ajenas a nuestro oficio. Ya sé que esta es, o debería ser, una de las señas de identidad de esta profesión, pero lo cierto es que cada vez nos resulta más difícil ejercer de fisgones,  consumidos, como estamos, por la grisácea y tranquilizadora información convocada (de la redacción a la rueda-de-prensa-sin-preguntas, y de allí, de nuevo, a la redacción).

Ayer asistí, en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla, a la presentación del monográfico “El futuro de la población”, un interesantísimo dossier que ayuda a la comprensión de cuestiones decisivas para el futuro del sistema de bienestar social, la sostenibilidad y el equilibrio territorial (http://www.comunicacion.us.es/node/7623).

En la obra figuran artículos de una treintena de expertos, entre los que se cuentan demógrafos, economistas, ecólogos, estadísticos o geógrafos. Y es en ese territorio ignoto en donde aparece, como un verdadero alien, el periodista que esto escribe, gracias al inusual encargo que recibí en su día de Ignacio Pozuelo, director del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA).

Aunque no es la primera vez que transito por tierras desconocidas, la experiencia ha sido particularmente satisfactoria. El rigor con el que se abordaron los textos, el cuidado que pusieron los editores y el magnífico resultado final, son, desgraciadamente, rarezas a las que los periodistas cada vez estamos menos acostumbrados.

Me pidieron que hablara del planeta humanizado e iluminado. Y eso hice. La luz nocturna que muestra, a vista de satélite, cómo se distribuye la población sobre el territorio nos informa, además, de muchas otras circunstancias y fenómenos relacionados con nuestra manera de crecer y sus consecuencias. Como aperitivo dejo en este post un fragmento de mi artículo, que podéis leer completo, junto al resto de la obra, siguiendo este link:  http://bit.ly/xJi2tP

<<La información que ofrece la iluminación nocturna de nuestro planeta ha servido para desarrollar algunas investigaciones sobre el impacto ambiental de la urbanización del territorio, medido en consumo de suelo fértil o en destrucción de la cubierta vegetal. Los trabajos más conocidos en este ámbito son los que viene firmando desde hace algunos años el equipo de Marc Imhoff, especialista del Goddard Space Flight Center y coordinador del Proyecto Terra de la NASA.

Imhoff buscaba algún método fiable que le permitiera medir, a gran escala, los efectos de la urbanización sobre la productividad biológica. No era fácil resolver esta cuestión porque sus trabajos se planteaban sobre la totalidad de la superficie de los Estados Unidos (un escenario de casi 10 millones de kilómetros cuadrados) y se referían a un proceso (la urbanización) que se manifiesta a gran velocidad y cuyos límites, a veces, son difícil de situar sobre un mapa. Las imágenes nocturnas, obtenidas mediante satélites artificiales, se convirtieron en una herramienta fundamental para resolver estos escollos. “Las ciudades y los suburbios”, explica Imhoff, “brotan rápidamente y sus bordes son irregulares, por lo que a menudo se extienden sobre el territorio de una manera aparentemente orgánica como lo hace, por ejemplo, el moho sobre la fruta madura, y esto dificulta una puesta al día, precisa, de las urbes, algo que finalmente conseguimos con el tratamiento de las imágenes de satélite que muestran las ciudades y los pueblos en la noche”.

La visión nocturna de los Estados Unidos sirvió para que Imhoff elaborara un mapa fiable de áreas urbanizadas en el que, gracias a la aplicación de algunos algoritmos, pudo establecer diferentes grados de urbanización. Luego combinó ese mapa con los datos del censo, de manera que añadió información sobre la densidad de población, y, finalmente, sumó el mapa de suelos. Lo que se encontró fue justamente lo que sospechaba: las ciudades están creciendo sobre los mejores suelos del país, sobre los suelos más fértiles y, en determinados casos, sobre suelos únicos, por su origen y composición, que desaparecerán para siempre bajo el asfalto y el hormigón.

Como señala Imhoff, aunque en algunos estados como California este proceso es más que preocupante, a escala global “no parece que Estados Unidos pueda quedarse sin capacidad para producir alimentos a corto plazo, ya que dispone de abundante tierra fértil”. Pero no puede decirse lo mismo de otros países donde este investigador también ha usado las imágenes nocturnas para medir el impacto de la urbanización. En China, por ejemplo, el fenómeno se manifiesta con especial virulencia, ya que las tierras fértiles se están viendo consumidas por un acelerado crecimiento urbano, y en este caso la disponibilidad de buenos suelos es menor que en EEUU y el volumen de población a alimentar es, por el contrario, mucho mayor. “Probablemente”, señala Imhoff, “el peor de los casos sea el de Egipto, donde las mejores tierras de cultivo se concentran en torno al delta del Nilo, justo donde se expande la población, que prefiere construir sobre tierras agrícolas de primera calidad a instalarse en las zonas inhóspitas del desierto”.

Este problema se ha localizado en otros muchos puntos del planeta gracias al sistema desarrollado por Imhoff, y lo que pone de manifiesto es que, en demasiados casos, estamos reduciendo de manera notable nuestra capacidad para producir alimentos. Las ciudades se extienden sobre los suelos más productivos y cuya explotación sería más sencilla, y eso nos obliga a forzar peligrosamente el rendimiento de los suelos que siguen en explotación y a adquirir alimentos cuyo origen se sitúa cada vez a mayor distancia del consumidor (lo que también provoca serios desequilibrios ambientales). Si a esta combinación de elementos adversos le unimos la incertidumbre que plantea el cambio climático, y en particular su incidencia en la productividad agrícola, tenemos motivos más que suficientes para preocuparnos por el impacto biológico de la urbanización desmesurada e irracional>>.

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Edificio de la Ópera de Oslo

Esta semana he celebrado una reunión en un novísimo edificio de oficinas. La temperatura en el exterior debía estar rondando los 10 grados, pero en la sala de reuniones, bien acristalada (como toda la fachada del inmueble), debíamos estar, como mínimo, a 30 grados. El efecto invernadero se manifestaba con toda su crudeza, y lo peor de todo es que al ser un edificio “inteligente”, me comentó con sorna el anfitrión, no era posible activar el aire acondicionado, ya que si era invierno el sistema “inteligente” de climatización sólo permitía usar aire caliente.

Perfecto. Mi anfitrión, como otros muchos amigos, vive en Sevilla pero trabaja en Oslo, porque seguramente quien diseñó un edificio completamente acristalado lo hizo pensando en alguna ciudad cercana al círculo polar ártico, donde cada rayo de sol es una bendición. Pero en Sevilla el invento no funciona… o lo hace consumiendo ingentes cantidades de energía (para refrigerarnos en verano… y también en invierno).

¿Cómo es posible que alguien construya un edificio de oficinas, o una vivienda, o un polideportivo, sin pensar en las circunstancias ambientales, las peculiaridades climáticas, el entorno social o el contexto cultural del lugar elegido? ¿Pero qué clase de arquitectura es esa?
Combatiendo estos despropósitos llevan años, décadas, los defensores de la arquitectura bioclimática, que suena como algo muy sofisticado y ultramoderno, pero que es tan sencillo como mirar por donde sale el sol y por donde se pone…

«Para comprender lo que es la arquitectura bioclimática sólo hay que pasear por la Alhambra granadina». Así me lo explicó hace ya bastantes años uno de los padres de esta disciplina, Jaime López de Asiain, quien en 1980 puso en marcha, en la Escuela de Arquitectura de Sevilla, un Seminario de Arquitectura Bioclimática pionero a escala nacional. Y la rareza no estaba sólo en el contenido de los estudios que allí se impartían, sino en el compromiso del que los impartía.

Andalucía está llena de ejemplos históricos de este tipo de construcciones, adaptadas perfectamente al clima que han de soportar: pueblos de casitas encaladas, arracimados en las laderas orientadas al sur; barrios de estrechas calles, protegidos del calor, del viento y de los fríos; casas con patio y dos plantas, una para verano y otra para invierno, o provistas de amplios miradores acristalados que captan el sol a modo de invernadero. Esta arquitectura, típicamente andaluza, es consecuencia de un peculiar modo de vida en el que el sol, particularmente, y el clima, en términos más amplios, juegan un importantísimo papel.

Los árabes supieron aplicar perfectamente esta filosofía, creando espacios que no sólo eran confortables desde un punto de vista físico sino también psíquico. «La Alhambra, con toda su fuerza formal, no tendría sentido si no hubiera sido la creación de un particular microclima donde, además de controlarse el frío y el calor, se consigue un particular bienestar a través del murmullo del agua o la contemplación de los jardines», precisa López de Asiain.

¿Tan difícil es construir de tal manera que podamos vivir en Sevilla, trabajar en Sevilla y disfrutar de Sevilla?

En Espacio Protegido (Canal Sur 2) acabamos de conocer, y divulgar, la experiencia de “Mazetas” (mazetas.com), una cooperativa de jóvenes arquitectos que, desde Sevilla, apuestan por el hábitat coaching y la arquitectura ecológica. Otra manera de hacer arquitectura. Una manera sensata y sostenible:

Pincha aquí para ver el reportaje «Mazetas» en EspacioProtegido (Canal Sur 2)

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La revista Quercus (www.quercus.es) ha cumplido 30 años, y como hace bien poco titulaba Javier Rico (@JavierRicoNi) su oportuna información (http://bit.ly/uoPYct) se ha convertido en una auténtica “superviviente del quiosco”. Pero, además, en torno a sus páginas, y en este caso el topicazo es rigurosamente cierto, se ha ido aglutinando una verdadera familia, un grupo de amigos/as que hemos vivido juntos, y en primera línea, la historia de la conservación de la naturaleza española a lo largo de tres décadas.

Tirando de hemeroteca, como suelo hacer con frecuencia en este blog, he rescatado un curioso reportaje que firmé, en mayo de 1996, en la edición andaluza del diario El País, y que muestra hasta qué punto la familia Quercus, además de compartir conocimientos de una manera más o menos convencional (letra impresa), fue capaz de diseñar nuevos soportes, de adentrarse en territorios desconocidos.

¿En dónde estaban hace 15 años algunos de los internautas que hoy son activos informadores ambientales en las redes sociales? Pues algunos de ellos, sino todos, estaban, estábamos, en RedQuercus, una deliciosa versión jurásica de lo que hoy es la edición digital de la revista, o en Ecored, un privilegiado canal telemático en el que se reunían las fuentes ambientales más valiosas del país. Dos buenos ejemplos de la capacidad de innovación y el honesto atrevimiento de Benigno Varillas (@BenignoVarillas), fundador de Quercus que hoy sigue internándose por senderos que pocos se atreven a explorar (http://bit.ly/sB5LSi).

Atención a los precios de abono y conexión a aquellos primitivos soportes digitales, y al volumen de información que podíamos descargarnos de RedQuercus en una hora… hace quince años.

 

 

 Diario El País. Edición  Andalucía. Publicación: 6 de mayo de 1996

A comienzos del próximo mes de junio, RedQuercus, la primera revista telemática de medio ambiente que se crea en España, estará disponible a través de Internet. Este nuevo medio de comunicación se nutre con las informaciones remitidas por unos 2.000 especialistas que trabajan en centros de investigación, universidades, administración pública, empresas y asociaciones de todo el país. También prepara su desembarco en este canal de comunicación la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, que ya venía ofreciendo información telemática a través del servicio Videotex, y facilitaba en disquete el contenido de sus informes sobre la situación del medio ambiente andaluz. Otras instituciones públicas han optado por el CD-Rom como soporte en el que volcar ingentes cantidades de información ambiental. En el terreno de las organizaciones no gubernamentales, Greenpeace hace tiempo que navega por el ciberespacio.  

ORDENADORES CON VISTAS AL CAMPO
La primera revista telemática de medio ambiente entra en Internet

José María Montero

La revista Quercus, la más prestigiosa de las que en España se dedican a los temas de naturaleza y medio ambiente, lleva acudiendo puntualmente todos los meses, desde hace catorce años, a la cita con sus más de 40.000 lectores. A partir del próximo mes de junio, para los usuarios de Internet, la periodicidad de esta veterana publicación dejará de ser mensual y se convertirá en instantánea, y sus contenidos no estarán limitados a sesenta páginas impresas cada 30 días, sino que, desde la pantalla de un ordenador, sus lectores podrán seleccionar artículos y noticias escogidos, según sus intereses personales, entre miles de páginas. La nueva revista telemática de medio ambiente se llama RedQuercus, y es la primera de sus características que se crea en España y una de las pocas que existen en Europa.

Los primeros pasos se dieron en mayo de 1995, gracias al apoyo financiero del Ministerio de Industria y Energía, la Unión Europea y la empresa Compaq Computer. Se trataba de volcar la información procedente de unos 2.000 especialistas distribuidos por todo el país, actualizándola varias veces al día y enriqueciéndola con los archivos de la revista impresa, de la que ya se han editado más de 120 números. La selección y edición de todo este volumen de datos en un formato digital es lo que, finalmente, se ofrece a través de RedQuercus que, a principios de junio, estará disponible a través de Internet e Infovía.

El precio de conexión a esta revista telemática es de 500 pesetas por tres horas al mes para personas individuales y de mil pesetas para instituciones, a las que hay que sumar la cuota que cobra el proveedor de servicios Internet (entre 500 y 700 pesetas/hora) y el coste de la llamada propiamente dicha (unas 150 pesetas/hora en el caso de tarifa local). La inversión resulta rentable, a juicio de Benigno Varillas, director de RedQuercus, ya que, «en una hora, un usuario puede llevarse a su ordenador el equivalente a unos 150 folios de texto, con lo que, haciendo números, la información digital es tres veces más barata que la impresa y, encima, se puede elegir a la carta».

El contenido de la revista, continúa Varillas, «es muy variado e incluye, entre otros recursos, información nacional e internacional, directorios, agenda, un catálogo para la telecompra de libros y otros materiales, una sección dedicada a reforestación y jardinería ecológica y otra de educación ambiental». Al igual que otras redes, podrá ser utilizada por grupos de especialistas para comunicarse entre sí, de modo que se facilite un sistema de correo electrónico y de teleconferencias que favorezca el desarrollo de grupos y comisiones de trabajo.   

Aunque todavía no cuenta con una dirección definitiva en Internet, provisionalmente se puede acceder a RedQuercus tecleando http://194.30.20.55. A través de Infovía, llamando con el modem al número de teléfono 055, cuando dentro de unas semanas entre en funcionamiento el servidor propio, la revista aparecerá con su nombre en el menú. Para facilitar la incorporación de usuarios que no estén familiarizados con esta tecnología, los responsables de la red organizan cursos de formación y prestan asistencia técnica a quienes la soliciten. Como novedad, explica Varillas, «estamos tratando de crear una revista telemática multilingüe, de ámbito europeo, en asociación con publicaciones similares de Gran Bretaña, Alemania y Francia, y una red de especialistas que puedan intercambiar información digitalizada a través de un canal privilegiado, lo que ahora se denomina Intranet».

También prepara su desembarco en Internet la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, que desde hace casi un año viene trabajando en el proyecto. Unas 300 páginas, en las que se recogen diversos aspectos del Sistema de Información Ambiental de Andalucía (SinambA), se encuentran ya preparadas para saltar al ciberespacio, algo que podría ocurrir en las próximas semanas.

A esta primera oferta se irán incorporando, progresivamente, otros contenidos, como el Plan Andaluz de Medio Ambiente, los informes periódicos sobre el estado de la calidad ambiental (contaminación atmosférica, acústica o de aguas), los planes de ordenación de recursos naturales de los diferentes espacios protegidos, bibliografía, un tesauro sobre medio ambiente o la propia revista que, en papel impreso, se viene distribuyendo con carácter trimestral. En todos los casos será posible transferir los ficheros, de manera que cualquier usuario pueda llevarse la información al disco duro de su ordenador. Tampoco en este caso se cuenta con una dirección definitiva, pero muy posiblemente se acceda tecleando http://cma.caan.es.

Al mismo tiempo, la consejería mantiene desde hace años un servicio de Videotex, con el que ofrece información básica sobre espacios protegidos, flora y fauna, procedimientos administrativos o bibliografía, entre otros epígrafes. Puede consultarse accediendo al nivel 031 de Ibertex y tecleando el nemónico * Andalucía #.

CIRCUITO PRIVILEGIADO

Por invitación expresa de los editores de Quercus, las 250 fuentes de comunicación ambiental más importantes de España se han introducido en Ecored, un circuito telemático privilegiado que se mantiene con las cuotas de sus socios y el patrocinio de algunas instituciones. En este caso la información no se transmite por Internet, sino que se dispone de una red propia e independiente (BBS), con un único nodo en Madrid.

Los miembros de este club exclusivo (responsables de comunicación de empresas, entidades públicas y académicas, asociaciones y periodistas especializados) ponen en común, sin ninguna traba o modificación de los textos, toda la información que creen relevante. De esta manera, destaca Varillas, «se promueven debates y se someten a discusión, entre un número seleccionado de especialistas, determinados asuntos por medio de una conferencia electrónica privada».

Los responsables de Ecored dan apoyo logístico a los periodistas miembros, de modo que les sea más fácil contrastar y ampliar información, así como consultar otras fuentes. Si es necesario, llegan a facilitarles los equipos (portátiles con modem y software) adecuados para conectarse a la red desde cualquier lugar. También ofrecen facilidades económicas y tecnológicas a las asociaciones que no tengan recursos para acceder a este medio de comunicación.

Orientadas a un uso mucho más popular que RedQuercus o Ecored, desde Internet pueden consultarse las páginas que ofrece Greenpeace, una asociación veterana en el uso de este canal telemático. En la edición española (http://www.servicom.es/greenpeace) se puede encontrar información simplificada sobre ecología terrestre y marina, residuos tóxicos, desarme o energía. La organización ofrece la posibilidad de hacerse socio a través de este sistema o contactar con otras oficinas de habla hispana dispuestas en Brasil, Chile, Guatemala, Argentina y México.

El Centro de Documentación Ambiental del Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente ha optado por el CD-Rom para distribuir en soporte digital sus bases de datos bibliográficas. El disco lo comercializa el Centro de Publicaciones y en él pueden encontrarse más de 27.000 referencias de libros y artículos de revistas, 4.150 referencias de disposiciones legales de la Unión Europea y las distintas administraciones públicas españolas, 1085 títulos de revistas, 906 videos y 555 estudios no publicados de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente. Asimismo incluye un tesauro multilingüe de medio ambiente.

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Hasta el objeto más sencillo, más rústico y menos sofisticado puede convertirse, gracias a la mágica influencia de la sociedad de consumo, en un carísimo elemento de decoración, sofisticado y exclusivo. El reloj de arena (Hourglass Ikepod) del diseñador australiano Marc Newson. con el que ilustro este post, tiene un precio aproximado de 15.000 euros, aunque mide los 60 minutos para los que ha sido diseñado con la misma precisión que uno de esos viejos y baratos relojes de arena con los que nuestras abuelas calculaban los tres minutos en los que un huevo alcanza su punto justo de cocción.

Seguramente Newson y su equipo justifican el precio del Hourglass recurriendo a una serie de argumentos que, en la (i)lógica de la sociedad de consumo, deben ser intachables, pero que en la lógica de la sociedad del bienestar quizá muestren algunas grietas. Y ese abismo, el que separa la lógica del consumo de la lógica del bienestar, es el mismo que mi amiga Pruden ha advertido, con su particular ingenio, en la crisis que ahoga al periodismo (al menos al periodismo clásico, al periodismo riguroso y comprometido).

Viendo la peculiar estrategia con la que algunas grandes empresas de comunicación están enfrentando la crisis, el reloj de arena de esta historia adquiere, gracias a Pruden, la categoría de perfecta metáfora. Con el comedimiento que le es propio mi amiga asegura en un mail telegráfico pero contundente: «Hay que joderse. Vamos a la estructura laboral de un reloj de arena muy culón. Por arriba los mandamases cobrando un congo, en la cintura (cada vez más estrecha), nosotros —profesionales con experiencia y preparados–, especie en extinción; y debajo, los becarios esclavos, una franja movible y volátil, a duro la jornada, que hará ricos a los de arriba. Nos queda poco».

Si el del Newson es un reloj de arena carísimo, sofisticado y exclusivo, el que me dibuja Pruden es cínico, injusto y apocalíptico. Me quedo, sin duda, con el de mi abuela. ¿Dónde estará?

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