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Posts Tagged ‘aves urbanas’

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¿Cómo se adaptan las aves al laberinto de la ciudad? ¿Y nosotros? (Foto JMª Montero)

Cuando hace unos días escribí a propósito de la avifauna urbana alguien me preguntó cómo era posible que estos animales cambiaran la tranquilidad de la naturaleza por el frenesí de las ciudades y, sobre todo, cómo eran capaces de adaptarse a un medio que les es tan ajeno.

A diferencia de otros animales, las aves, más que diferenciar los elementos concretos que componen el ecosistema en donde habitan, captan la estructura global que resulta de integrar todas esas piezas. De este modo, para un ave, la ciudad se presenta como un medio en el que se mezclan masas rocosas (edificios y manzanas) hendidas por una red de gargantas (calles y avenidas) con abruptos acantilados (fachadas) en los que son frecuentes huecos y cornisas apropiadas para nidificar. Intercalados aparecen bosques de espesura y tamaño variables (parques, jardines, calles y plazas arboladas) y, hacia el extrarradio, espacios abiertos en los que suele abundar la vegetación herbácea (cultivos y descampados).

Algunas especies están perfectamente adaptadas a este peculiar ecosistema. El caso más llamativo es el del gorrión común: su asociación con el medio urbano es tan íntima que su distribución se limita a las zonas habitadas por el hombre, desapareciendo cuando éste las abandona.

Otras especies aprovechan de forma pasiva las estructuras que la ciudad les ofrece, instalando en ellas sus nidos, pero alimentándose en otras zonas no específicamente urbanas. En este grupo se incluyen los cernícalos primilla, vencejos y aviones, que nidifican en oquedades y aleros de edificios pero que se alimentan en el espacio aéreo que los circunda o en los campos próximos no urbanizados.

Existe un tercer grupo de aves cuya presencia está condicionada a la existencia de espacios seminaturales que explotan de forma similar a los ecosistemas originales. La proliferación de estas especies viene determinada por el número, extensión y gestión de jardines, parques y zonas húmedas. La lechuza, uno de los pocos depredadores típicamente urbanos, suele instalarse en algunas de estas islas de vegetación, y su presencia, que aún resulta sorprendente a algunos ciudadanos, está justificada por la abundancia de roedores y las escasas interferencias con el hombre debido a sus hábitos nocturnos.

En definitiva, todas estas aves urbanas obtienen algún tipo de beneficio viviendo en esta amalgama de hormigón y asfalto que llamamos ciudades. Y digo yo que lo mismo ocurre con nosotros, porque… algún beneficio tendrá para los humanos vivir en un escenario tan hostil, ¿o no?

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La ciudad a vista de pájaro… (Foto JMª Montero)

Resulta sorprendente por lo sencillo. El paisaje cotidiano de nuestras ciudades, ese que tenemos fijado en la memoria y que reconocemos sin dificultad a diario, cambia de manera radical si, cuando caminamos por la urbe, en vez de mirar al frente o al suelo (esa mirada cabizbaja que ahora es tan frecuente) levantamos la vista al cielo. Los edificios nos muestran un perfil desconocido y, recortadas en el cielo (sí, en la ciudad también se ve el cielo e, incluso, las estrellas), aparecen más aves de las que estamos acostumbrados a reconocer en el asfalto. Es un ejercicio bien sencillo, ¿verdad?, pues raramente lo hacemos; y luego nos quejamos de que la naturaleza no esté presente en nuestras urbes (está escondida, eso sí, y hay que saber en dónde mirar para encontrarla).

Aunque aparentemente no sea el medio más adecuado, las ciudades y su entorno reúnen a un buen número de aves consideradas comunes. Las más abundantes, como el gorrión o la paloma doméstica, están perfectamente adaptadas al medio urbano, transitando sin dificultades por bordillos y aceras junto a vehículos y peatones, y soportando el ruido o la contaminación. Este grupo suma alrededor de media docena de especies que se comportan como omnívoras, recibiendo, además, alimento extra de los ciudadanos.

Ascendiendo cinco o diez metros sobre el nivel del suelo, el número de aves urbanas aumenta. En una gran ciudad, como Sevilla o Málaga, se calcula que entre 15 y 20  especies viven de forma regular en los tejados, azoteas, torres, espadañas, balcones, ventanas y cornisas. En este caso se trata de individuos que se alimentan de insectos o de la vegetación oportunista que coloniza las partes más elevadas de los edificios, además de visitar las áreas no urbanizadas de la periferia. Algunas de estas aves son sedentarias, como los estorninos, y otras migradoras primaverales, como el avión común, la golondrina, la cigüeña blanca o el vencejo.

En los parques y jardines la población de aves se incrementa de forma espectacular y, así, en las zonas verdes de nuestras capitales se cuentan cerca de treinta especies diferentes. Las hay sedentarias (abubilla, verdecillo, jilguero) y también migradoras estivales e invernales (petirrojo, lavandera). Los efectivos de este grupo animal siguen creciendo conforme nos alejamos del centro de la ciudad, de manera que en el extrarradio, y debido a la cercanía de espacios naturales y agrícolas, el número de especies, se aproxima al centenar. Mochuelos, lechuzas, búhos y cernícalos viven de  manera permanente en los bordes urbanos, zonas que también son frecuentadas por migradoras como aguiluchos, tórtolas, zorzales o pinzones.

Y toda esta biodiversidad, que convive a diario con nosotros, se descubre con un sencillo movimiento de cabeza. Menos mirar al suelo y más mirar al cielo…

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Pareja de cernícalos primilla en la catedral de Sevilla. Acuarela de Gabriel de la Riva (http://www.bublegum.net/gdelariva/).

La contemplación de aves rapaces en libertad no es, en contra de lo que pudiera pensarse, una actividad reservada a los espacios naturales protegidos o a determinadas áreas rurales en donde estos animales son abundantes. En el mismo casco urbano de nuestras ciudades, incluso en las de gran tamaño, habita un pequeño halcón que emplaza sus nidos en discretas cavidades de todo tipo de edificios. El cernícalo primilla, de apenas 30 centímetros de longitud, actúa como un eficacísimo insecticida natural, barriendo los cielos y los campos de cultivo que rodean a las grandes urbes para hacerse con su botín de  saltamontes, cigarras, grillos, escarabajos o escolopendras.

En Espacio Protegido (Canal Sur 2, http://bit.ly/e4nvZ8) acabamos de grabar un reportaje en Jerez de la Frontera (Cádiz), donde la colonia urbana de esta rapaz está recibiendo todo tipo de cuidados para facilitar su reproducción, habilitando, por ejemplo, vasijas y cajas nido en diferentes edificios de la ciudad. Actuaciones decisivas para el futuro de una especie que llegó a estar seriamente amenazada.

Hasta la década de los 60 esta era una de las rapaces más abundantes de España. Entonces se estimó que se reproducían en todo el país unas 100.000 parejas de cernícalo primilla. Diez años después los más optimistas consideraban que esa población se había reducido a la mitad, y en 1989, cuando se llevó a cabo un censo nacional de la especie, el número de parejas apenas llegaba a las 5.000. Gracias a una política de conservación decidida la situación en la actualidad ha mejorado y se calcula que son unas 12.000-15.000 parejas reproductoras las que hoy se reparten por toda España.

Estas cifras sugieren que nuestro país acoge más de la mitad de los primillas europeos, siendo Andalucía y Extremadura las dos regiones que concentran mayores efectivos.

El cernícalo primilla se reproduce en las ocho provincias andaluzas, sumando una población estimada en algo más de 5.000 parejas repartidas en 694 colonias, de las que 412 se localizan en el medio rural y 282 en ambientes urbanos.

A pesar de que la especie ha mejorado de forma notable sus efectivos los ornitólogos no están seguros de que esta rapaz esté consiguiendo sortear las múltiples amenazas que hipotecan su futuro. Algunas de ellas pueden considerarse naturales, como ocurre con la competencia de otras especies (palomas y grajillas), la depredación que llevan a cabo diferentes animales o las variaciones, no provocadas, en la disponibilidad de alimento. Sin embargo, hay factores en los que claramente interviene la mano del hombre, como ocurre con las múltiples alteraciones que sufren aquellos lugares en los que el cernícalo primilla nidifica o se alimenta

De todas las amenazas que se atribuyen a la acción de los humanos la que más puede perjudicar al cernícalo primilla es la relacionada con la imparable modificación del paisaje agrario, donde las explotaciones intensivas van comiéndole terreno a los aprovechamientos tradicionales y a las manchas de vegetación natural asociadas a los mismos. En este tipo de escenarios el esfuerzo por conseguir alimento se multiplica y el número de pollos capaz de salir adelante disminuye.

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