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Posts Tagged ‘bonobo’

“El hombre retrocede del mono”, aseguraba El Roto, con su sencilla lucidez, el pasado lunes. Y uno no puede estar más de acuerdo con esta peculiar interpretación del darwinismo, sobre todo a la vista de ciertos comportamientos atávicos que nos colocan muy por debajo del raciocinio que gasta, en sus ratos malos, un bonobo (Pan paniscus).

La secuencia es de sobra conocida porque siempre, o casi siempre, se repite siguiendo el mismo esquema, ese que nunca, nunca, repetiría un bonobo:

1.- Depositamos inmoderadas expectativas en alguien, y esperamos que sean satisfechas sin discusión y en el menor plazo de tiempo posible. “Es un tipo estupendo, me va a dar lo que necesito; seguro que me lo da porque es mi amigo”.

2.- Lo que nace como un deseo, como una expectativa, se convierte rápidamente en una necesidad. “Si no me lo da, no podré ser feliz, me faltará algo esencial”.

3.- Lo que para mi es esencial, para el otro es superfluo (suponemos). “A mi me vendría de maravilla y, total, a él le sobra, no lo necesita y no le cuesta ningún trabajo dármelo”.

4.- De la necesidad pasamos a la (falsa) justicia. “Tiene que dármelo porque, en realidad, es mío, y me corresponde, y tengo derecho a ello”.

5.- Mientras esperamos que se cumplan las expectativas lanzamos en su busca, de nuevo, a las suposiciones. “Si no me lo da es porque es una mala persona, un egoísta,  un falso y un sinvergüenza”.

6.- Las suposiciones, cuando pasan del mundo de las ideas al de las acciones, casi siempre se inclinan por el lado de la violencia (gratuita). “No me lo da porque me odia, porque busca hacerme daño, porque quiere acabar conmigo”.

7.- Y la violencia llama a la violencia. “No puedo quedarme quieto ante semejante atropello. Antes de que me robe lo que es mío le arreo una bofetada y se lo quito”.

8.- Y si caemos en la violencia es, por supuesto, en defensa propia. “Yo por las buenas soy muy bueno, pero por las malas…”.

9.- Y concluimos presumiendo de la hazaña, como aviso para navegantes y, sobre todo, para que la Humanidad sepa lo perspicaces que somos. “Iba de buena persona, pero yo lo calé desde el primer momento. A mí no me la pega nadie”.

10. Si conseguimos satisfacer nuestros deseos, volvemos a alimentarnos con nuevas expectativas, y si no, también. “Bueno, tampoco era para tanto, en realidad lo que yo necesitaba era… otra cosa”.

Quien no se reconozca en esta secuencia delirante, o en alguna de sus diez estaciones de penitencia, que levante la mano. Quien no se haya dejado arrastrar por las expectativas, las suposiciones y la violencia (gratuita) que tire la primera piedra. Eso sí, los hay que tropiezan en la piedra una o dos veces (cual bonobo en un rato malo) y los que se abonan a este círculo infernal hasta convertirlo en un vía crucis de recorrido diario.

Satish Kumar

Satish Kumar es uno de los grandes pensadores indios contemporáneos. Afincado desde hace años en Inglaterra, en donde ha fundado el Schumacher College y el Small School, ha inspirado con su palabra, recogida en una dilatada obra, a un gran número de personas y, en particular, al movimiento ecologista. Discípulo de Bertrand Russell y Gandhi, en 1962 se embarcó en una peregrinación por la paz que, a pie y sin dinero, lo llevó desde Bangalore (India) hasta las capitales de la Unión Soviética, Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Tres años le ocupó un viaje en el que consiguió entrevistarse  con los líderes de todas las potencias nucleares de la época, a los que, de alguna manera, trató de hacerles recapacitar sobre esos absurdos círculos viciosos que nos conducen al precipicio.

Aunque aquella travesía está relatada en su libro “No Destination”, el párrafo que copio a continuación pertenece a su autobiografía espiritual, “Tu eres, luego yo soy”, un manual que nos reconcilia, si lo leemos con cierta atención y humildad, con la dulce sabiduría de los bonobos.

O, dicho de otra manera, es posible escapar de ese círculo vicioso que nos lleva desde un deseo, más o menos razonable, hasta un comportamiento violento absolutamente suicida; porque uno empieza disparando a los enemigos, después dispara a los amigos y, finalmente, se pega un tiro en la cabeza.

Es posible escapar del absurdo. Se puede conseguir, y es más sencillo de lo que parece (siempre parece mucho más complicado). Entre otros pasajes, Kumar lo explica cuando recuerda su encuentro, en 1965, con Martin Luther King, quien se interesó por el sentido último de su peregrinación:

“Me asombra que hayáis caminado desde India y sin dinero”, dijo King. “¿Cómo coméis? ¿Mendigáis por comida y cobijo?”

“Caminamos como peregrinos por la paz”, dije yo. “Como peregrinos practicamos la paciencia. Hemos aprendido a esperar hasta que se nos ofrece ayuda o un regalo, y entonces aceptamos menos de lo que se nos ofrece”.

“¿Y cómo hacéis eso?”, preguntó King.

“Cuando llegamos a un lugar extraño comenzamos a establecer contacto con personas que no conocemos de nada y les ofrecemos lo que podemos entregarles, en lugar de pedirles algo. Les ofrecemos nuestra presencia, nuestras historias, nuestras canciones, y nos interesamos genuinamente por sus vidas. Cuando la gente se interesa, comienza a hacer preguntas y averiguar quiénes somos y por qué estamos caminando, y por qué no llevamos dinero. Una vez descubren la naturaleza de nuestro viaje, en la mayoría de casos comienzan a abrirse y a demostrar su generosidad. Después de caminar a través de una docena de países durante más de dos años hemos visto que en todos los sitios las personas son iguales. El instinto natural de las personas de todos los países, de todas las culturas y religiones, es ser servicial. La hospitalidad es normal, la hostilidad es excepcional”.

“¿Habéis desarrollado algunas técnicas para disolver las sospechas que la gente tiene hacia los extraños?”, King estaba intrigado.

“No hay una técnica fija. El peregrinaje es un proceso creativo. Cada situación es diferente. Cada día es un nuevo día. El cimiento, la técnica principal y quizás la única, es la confianza. Nunca albergamos en nuestros corazones ninguna duda de que pueda llegar un día en que nadie nos ofrezca ayuda”, dije.

“Pero ha debido de haber ocasiones en las que no os ofrecieron ninguna ayuda. ¿Qué hicisteis entonces?”, indagó King.

“Ese también fue un buen día; una oportunidad para ayunar, una oportunidad para dormir bajo las estrellas. En un viaje sagrado, una oportunidad para sufrir es tanto un regalo como una oportunidad para celebrar. Ninguna situación es constante, todo pasa”, comenté.

Bonobo (Fotografía de Vanessa Woods, Department of Evolutionary Anthropology, Duke University)

La bondad es lo normal. La hostilidad es lo excepcional. Pero a una hay que alimentarla (todos los días, a todas horas), y a la otra hay que dejarla pasar, sin permitir que se pose y, sobre todo, nada de echarle de comer suposiciones, deseos, expectativas, falsas necesidades… Hay animales que enloquecen cuando comen esas cochinadas. Un bonobo, por ejemplo, jamás las probaría…

Y, en el peor de los casos, no olvidéis (y esto también lo saben los bonobos) que todo, absolutamente todo, pasa…

P.D.: Durante unos días dejaré reposar este blog porque me lanzo a caminar. On the road, again.


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