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Posts Tagged ‘cabracho’

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La historia de esta caldereta se inicia en el bullicio matutino del Mercado Central de Cádiz, donde ya me estaban esperando estos cabrachos (Foto: JMª Montero)

 

“¿Hay algo menos egoísta, algún trabajo menos alienado, un tiempo mejor aprovechado que preparar algo delicioso y nutritivo para las personas que queremos?”

(Cocinar. Una historia natural de la transformación, Michael Pollan)

 

El secreto de una buena caldereta de pescado y marisco, como el de otras tantas recetas, no está en la cocina sino en el mercado. La técnica no es compleja (aunque hay que ser minucioso), el cariño se supone, las dudas se resuelven en las miles de páginas dedicadas a la gastronomía casera en Internet, el tiempo se araña o se conquista, y la compañía se busca (excelente) para la ocasión, pero la materia prima… ese elemento no admite azar, trampa ni conformismo.

Así es que esta caldereta de pescado y marisco nace en el Mercado Central de Cádiz, una mañana, bien temprano, de finales de julio, cuando después de cruzar la bahía en catamarán (el del Consorcio de Transportes de la Bahía de Cádiz, que yo no tengo barco propio…) visitamos, sin prisa, los puestos donde se ordenan (desde hace unos tres mil años) cabrachos y gallos, atunes y cigalas, almejas y corvinas.

Elegimos dos cabrachos de mediano tamaño (sumaban cerca de un kilo), una cola de rape que también rozó el mismo peso, tres cuartos de kilo de almejas y otros tres cuartos de kilo de gambas blancas. En el capítulo de las verduras (suministradas desde los cercanos huertos de Chipiona y Conil) elegimos puerros, cebollas moradas, pimientos de freír (cornicabras autóctonos), ajos y tomates bien maduros. El inventario para la alquimia se completó con manzanilla de Sanlúcar (La Cigarrera), oloroso de la Señora (Taberna der Guerrita), harina, guindilla, sal gruesa (gaditana, of course), pimienta negra en grano (recién molida) y perejil fresco.

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Así lucía el bodegón marinero en mi cocina. Daba pena tener que cocinarlo (Foto: JMª Montero)

Ver cómo un pescadero experimentado limpia el género es un espectáculo que se disfruta y del que se aprende mucho, pero yo soy uno de esos bichos raros que, casi siempre, prefiere limpiar él mismo el pescado, para que nadie me prive de ese placer (sí, he escrito placer). Así es que comencé limpiando los cabrachos para, con mucho cuidado y tino (precauciones básicas si no queremos que se nos clave alguna de sus espinas venenosas), separar los lomos, bien limpios de raspas, y depositar todos los restos en una olla grande (tranquilos, el calor inactiva el veneno de las espinas).

Limpiamos la cola de rape, separando la carne de la raspa y eliminando cualquier tejido oscuro que aún tuviera adherido. Y la raspa, troceada, también al puchero.

Pelamos las gambas, y las cabezas y cáscaras… efectivamente: al perol.

Cocemos al vapor las almejas: en una sartén amplia ponemos dos dedos de agua con sal y cuando comience a hervir añadimos las almejas, que iremos retirando en el mismo momento en que se abran. Ese agua bien impregnada en el sabor de las almejas no se tira porque… también se añade a la marmita.

Ponemos unos seis litros de agua en la olla y animamos el fuego para que hiervan todos los despojos marineros. Cuando empiece el burbujeo añadimos un puerro cortado en tacos, una cebolla troceada en dos mitades, dos ramas de perejil, un puñado de sal y una copa (generosa) de manzanilla. Hervimos a fuego moderado durante unos 30 minutos (retirando la espuma que se va generando en la superficie) y luego dejamos reposar el caldo (podemos tostar unas hebras de azafrán y machacarlas con un poco de ese caldo para añadir el mejunje final a la cazuela).

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La transformación final está cerca… (Foto: JMª Montero)

En sartén amplia (la de las almejas ya está libre) empezamos a elaborar el sofrito. Un chorreón de AOVE (Aceite de Oliva Virgen Extra) en el que, cuando esté caliente, ponemos cuatro o cinco dientes de ajo laminados y una guindilla seca, pequeña, troceada. Mareamos y cuando los ajos estén casi dorados añadimos una cebolla grande laminada. Mareamos unos minutos y añadimos dos o tres pimientos troceados y sin pepitas. Dejamos pochar a fuego lento. Ya casi pochado añadimos un par de puerros cortados en finas rodajas. Seguimos pochando con suavidad.

Los lomos de cabracho y de rape los cortamos en dados no muy grandes y los enharinamos. Ponemos aceite a calentar y cuando esté listo para la fritura pasamos el pescado por la sartén hasta dorarlo un poquito (solo un poquito). Retiramos y empapamos el aceite sobrante del pescado con papel de cocina.

Añadimos el pescado al sofrito de verduras. Mareamos con suavidad para que los dados de cabracho y rape no se deshagan. Añadimos dos tomates pelados y rayados (o bien troceaditos). Mareamos. Añadimos una copita de oloroso. Seguimos mareando unos minutos, hasta que se evapore el oloroso y el tomate se haga un poco.

Colamos el caldo del pescado y lo mantenemos bien caliente. En cada bol, o en cada plato hondo, disponemos unas cuantas gambas, unas cuantas almejas y una ración de sofrito con pescado. Regamos con el caldo en la cantidad que a cada uno le guste (los hay que se decantan por el modelo sopa-con-tropezones y otros que prefieren el pescado y el marisco apenas mojados en el caldo). Las gambas (tienen que ser bien frescas) se hacen con el mismo calor del caldo (aunque las podemos hervir ligeramente en la marmita antes de disponerlas en el plato).

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Del mercado a la mesa: pura alquimia. De la bahía de Cádiz al paladar, y vuelta… (Foto: JMª Montero)

Tomamos la cuchara, nos la llevamos a la boca, cerramos los ojos y volvemos al mismo centro de la bahía de Cádiz, a su luz y a su sal. Nos dejamos mecer por el poniente. Suspiramos.

P.D.: El vino lo pusieron los vecinos: un Yugo Airén (Valdepeñas) y un Torre de Gazate Crianza 2008 (también de Valdepeñas). Este último se defendió bien con la ternera de Retinto, vuelta y vuelta, que nos comimos de segundo plato, y también con los quesos del postre.

Efectivamente, no fue una comida al uso, fue un banquete, gaditano, de despedida.

 

 

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