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Posts Tagged ‘delfines’

Hace unos días nos preguntaron en Twitter qué hacía un equipo de Espacio Protegido (@EspacioCanalSur) grabando en un delfinario. Aunque, como es lógico, no todos estos recintos pueden juzgarse de la misma manera, lo cierto es que nuestro programa siempre se ha mostrado particularmente sensible al cautiverio de determinados animales. ¿Es lícito usarlos para nuestro entretenimiento? ¿Los delfinarios contribuyen a la conservación de estas especies? ¿Las condiciones de vida de estos mamíferos marinos son aceptables en este tipo de instalaciones?

Algunos especialistas, como Koen Van Waerebeek, del Centro Peruano de Estudios Cetológicos, han analizado con detalle el sufrimiento de los delfines sometidos a cautividad, y es por ello que rechazan cualquier componente educativa en aquellos espectáculos en los que se utilizan cetáceos. “Desde cualquier punto de vista”, asegura Van Waerebeek, “la óptima manera de difundir la educación y respeto hacia los mamíferos marinos es la observación directa en su ambiente natural, y en libertad”.

“El cautiverio de delfines y ballenas”, sostiene Priscilla Cubero, presidenta de la Fundación Promar, “es siempre negativo, con independencia de si se les usa para espectáculos, terapias o cualquier otro fin, porque estos animales pertenecen al océano y su valor radica en su libertad, no en entretenernos a nosotros”.

Idéntica es la opinión de los promotores de The Dolphin Project (organización internacional que, desde 1970, reclama la libertad de los delfines cautivos) para los que estos delfines prisioneros  “son monstruos creados para nuestra diversión, y, por eso, mostrarlos no tiene ningún valor social ni educativo”. En un par de interrogantes resumen esta postura: “¿Cómo pueden percatarse los espectadores de la importancia que tiene preservar los delfines en la naturaleza cuando los que están viendo fueron robados de la misma o han nacido en cautividad sin ver jamás el océano? ¿Cómo pueden aprender nada acerca de la verdadera naturaleza de estos animales cuando son entrenados para desarrollar trucos circenses que repiten por la recompensa de un pescado muerto?”.

“El engaño de que un delfín de espectáculo es feliz”, continúan los especialistas de The Dolphin Project, “viene dado por la parafernalia con que se intenta presentarlo: un escenario brillante y teatral, el agua incitantemente azul de los tanques, la música sonando, y los delfines, siempre sonrientes, saltando dentro de los aros, jugando al baloncesto y llevando a sus entrenadores a la espalda”. En realidad, estas actividades “no son, como es lógico, parte del comportamiento natural de estos animales salvajes, y si las llevan a cabo es porque dependen totalmente del entrenador para su alimentación”.

No es fácil asomarse, con rigor, a una realidad compleja y polémica, evitando la simplificación o el maniqueismo, pero es lo que tratamos de hacer todas las semanas en Espacio Protegido, en CanalSur Televisión (http://www.canalsuralacarta.es/television/programa/espacio-protegido/28).

 

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Charcón intermareal en Punta Candor (Cádiz). Zen playero…

Delfines y tortugas marinas deambulan por la delgada frontera que separa el mar del cielo. La interfase agua-aire, su territorio natural, es la que sufre mayores alteraciones debidas a la contaminación, ya que numerosas sustancias, poco densas, se acumulan en las capas superficiales y terminan afectando a estos animales. Por eso, advierten los especialistas, no es intrascendente mantener limpio el mar, aunque se trate de pequeñas manchitas de petróleo o restos de basura.

La acumulación de residuos, que aparentemente solo causan daños estéticos, también incide en la supervivencia de estos animales protegidos por la ley. Las tortugas, por ejemplo, suelen confundir las bolsas de plástico con las medusas de las que se alimentan, error que les provoca la muerte al obstruir su sistema digestivo. La gravedad de esta forma de contaminación, señala un informe de Greenpeace, no debe menospreciarse: “el 30 % de los peces del Mediterráneo que se han examinado para detallar el impacto de los residuos urbanos tenían restos de plástico en los intestinos”.

Para descubrir la riqueza de ese decisivo territorio, en el que se tocan agua y aire, no es necesario navegar hasta alejarse de la costa. Ni siquiera es imprescindible sumergirse o bucear. Basta con asomarse a las pozas de marea, esos charcones de agua salada que salpican la zona intermareal y en donde quedan atrapados, o viven en condiciones nada fáciles, multitud de organismos.

Corrales de Rota (Cádiz). El bosque sumergido…

Desgraciadamente nuestras playas están repletas de depredadores que, armados de cubo y pala, esquilman esos frágiles humedales para volver a la tumbona con el triste botín de un cangrejo, alguna estrella de mar y media docena de pececillos. Y no me refiero a los niños, que se aventuran en estos territorio como el que se interna en una selva virgen, sino a su padres…

¿No les basta con mirar? Asomarse a estos estanques naturales es asomarse a un microcosmos que nada tiene que envidiar al macrocosmos que se dibuja sobre nuestras cabezas. Agua y cielo nos regalan la misma belleza, y así nos lo relata John Steinbeck (apasionado de la biología marina) en su viaje por la  península de la Baja California (Por el mar de Cortés, 1951):

«Es aconsejable levantar la mirada del charco de marea y dirigirla a las estrellas, y después bajarla y dirigirla otra vez al charco de marea»

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