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Posts Tagged ‘fotografía’

vuelo_alcatraz001

Hay un cordón, casi invisible, que une la tierra y el mar. Un cordón que dibuja extraños jeroglíficos sobre el agua. Los habitantes del gran azul no saben que es el dibujo de una trampa. Un cordón, casi invisible, en el que queda atrapada la vida.

PD: Javier Hernández me invitó a que sumara un texto, un pie de foto, a su magnífica exposición de imágenes aéreas del litoral andaluz. Así conté lo que vi. “El vuelo del alcatraz” fue una muestra atípica, una visión inusual de un territorio frágil.

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Rompiendo la noche

“Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, al menos un instante, en el paraíso” (J.L. Borges)

Cuando descubrí Instagram encontré una manera, muy simple, de fotografiar y compartir lo más sencillo. Pequeños detalles del mundo que nos rodea a los que sólo hay que acercar la cámara de un móvil, con su mínima sofisticación. De esta manera he ido coleccionando imágenes de piedras batidas por las olas, de cardos que crecen en las cunetas, de amaneceres, de atardeceres, de nubes, de insectos, de sombras, de puertas, de tejas, de charcos… Y el único punto en común de elementos tan dispares ha sido la belleza. Sencillamente.

Concretar la belleza, tratar de atraparla en una definición que establezca las condiciones que la hacen posible, es un empeño al que, desde hace siglos, se dedican, con desigual fortuna, artistas, filósofos, teólogos y hasta físicos. Desde los más fríos parámetros objetivos, que los clásicos llamaron armonía o proporción, hasta el cálido y subjetivo universo de los sentimientos, en donde la belleza es el motor invisible de algunos de nuestros más primitivos placeres, hemos aplicado un sinfín de lentes tratando de enfocar un elemento borroso, difuso, esquivo,… pero esencial.

Charco

Con frecuencia nuestra mirada, inquisitiva, se dirige a la naturaleza, donde el hombre siempre ha convivido con la belleza, quizá porque ambos nacieron al unísono (¿es posible la belleza antes de que en ella se pose nuestra mirada?). Los seguidores de la conocida como hipótesis de la biofilia no dudan en afirmar que los millones de años durante los cuales hubo un estrecho contacto entre los humanos y la naturaleza han inculcado en el Homo sapiens una profunda necesidad emocional congénita de sumarse al resto del mundo de los seres vivos, aspiración cada vez más difícil de consumar en el teatro urbano y post-industrial. La belleza sería, así, el reclamo del paraíso perdido, la llamada de un mundo que nos es propio y que, sin embargo, hemos convertido en ajeno.

Zen playero

A diferencia de lo que ocurre con alguno de los múltiples objetos, hermosos, que el hombre es capaz de crear, la belleza que nos sorprende en el ordenado vuelo de una bandada de gansos, en el sonido del viento sobre las dunas, en el lento discurrir del sol en un crepúsculo junto al mar, en las sombras que proyecta el amanecer entre los árboles o en los caprichosos dibujos que las olas trazan al batir un guijarro…lo que diferencia a todas estas sorpresas es que no necesitan de explicaciones. Podemos percibir la belleza sin saber nada a cuenta de lo que estamos contemplando. Podemos prescindir de la razón, y hasta de la memoria. Sobran las palabras (nunca mejor dicho) o hacen falta muy pocas (¿quién se resiste a un pie siendo periodista?). Algo, profundo y antiguo, nos dice que ahí habita la belleza y, a veces, también nos advierte de su enorme fragilidad.

En soledad

¿Qué perdemos cuando desaparece esa clase de belleza? Lo único que realmente perdemos es lo que no somos capaces de sustituir. Por eso, la muerte de un ser querido nos provoca el mayor dolor. Y un dolor parecido debería producirnos la desaparición de la belleza que palpita en la naturaleza, porque perdemos lo irreproducible, lo inimitable. Seamos sinceros: hasta ahora no hemos conseguido desentrañar, y comprender, la densa maraña de vínculos y equilibrios que hacen posible el más simple de los ecosistemas. La naturaleza desconcierta a la ciencia y a la tecnología, al arte y a la filosofía,  a cualquiera de las herramientas con las que el hombre trata de convertirse en creador, porque es un infinito juego de contradicciones, una enorme paradoja, que no admite copias, en donde conviven la armonía y el caos, la proporción y la desmesura, la perfección y el error, lo absoluto y lo incompleto, lo permanente y lo efímero.

Microselva gallega

Instagram es la excusa. El smartphone es, al mismo tiempo, soporte y vehículo. Y este blog me sirve de escaparate para mostraros algunas de esas instantáneas que he ido capturando aquí y allá. Pero el utensilio fundamental, el único realmente imprescindible para asomarme a la belleza cotidiana, y compartirla, es el asombro. Sencillamente.

Mi colección de imágenes puede visitarse en:

http://followgram.me/monteromonti/

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