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Posts Tagged ‘hibernación’

 

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Verde, blanca y verde. Una manera inusual de celebrar el Día de Andalucía en la Sierra Morena cordobesa (Fotos: JMª Montero)

Debe ser por lo inusual del fenómeno, por el color brillante con que tiñe el paisaje o por el anuncio de bienes que trae consigo (¿hay un bien más preciado que el agua?), pero, sea lo que sea, una buena nevada, en estas tierras del sur, es casi siempre motivo de alegría. Y si no que se lo pregunten a los niños que el jueves, al asomarse a la ventana con las primera luces, vieron el manto blanco que ya cubría los cerros de este rincón de la Sierra Morena cordobesa desde el que escribo.

Caminamos bajo la intensa nevada. Disfrutamos con el sencillo placer de oír crujir bajo nuestras botas la nieve recién caída. Nos acercamos a los arroyos, que ya recogían el regalo, y al pequeño huerto, casi sepultado, cuyo trazado adivinamos por el tallo de los ajos y las cebollas. Buscamos huellas de animales dibujadas en el blanco, señales que nos garantizaran que la vida, a pesar de ese arreón de frío, seguía latiendo intacta.

Esa era la pregunta, como siempre oportunísima, de los más pequeños: ¿qué ocurre con los pájaros cuando nieva? ¿Y con los escarabajos? ¿Y con las flores? Aunque el invierno ya llevaba con nosotros una buena temporada, la nieve se convirtió el jueves en la contundente señal de la estación más fría, esa que pone a prueba la capacidad de resistencia de animales y plantas.

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La vida se oculta, y resiste (Fotos: JMª Montero)

¿En dónde se oculta la vida? ¿Qué hace a un erizo o a un murciélago despertar de su letargo invernal, qué mecanismo les anuncia el fin de la hibernación y la llegada de la primavera? ¿Cómo elige un almendro el momento adecuado para florecer? Para estas y otras preguntas parecidas que podemos hacernos cuando el invierno anuncia su retirada (aunque sea con una nevada inusual), no existe una única respuesta. Son varios los factores que desactivan el letargo invernal, aunque los más frecuentes están relacionados con la temperatura y la duración de la luz diurna.

Muchas plantas florecen cuando aumentan las horas de luz, mientras que otras se estimulan con el cambio de días cortos a días largos. El trigo o el centeno, por ejemplo, reaccionan con el cambio de horario y no con un determinado periodo de iluminación. También es posible encontrar especies que parecen insensibles a la duración de la luz diurna, como el manzano, el peral o el ciruelo.

Pero en primavera los días no sólo se hacen más largos sino también más cálidos, con lo que aparece el activador térmico. Como norma general, conforme se va incrementando la temperatura también se desarrollan con mayor rapidez las plantas, aunque algunas necesitan haber pasado frío durante el invierno. La remolacha es una de ellas: las bajas temperaturas invernales la activan para dar flores en primavera si la temperatura sube hasta el nivel adecuado. En el caso del almendro las flores pueden aparecer cuando la temperatura ambiente se sitúe entre los 7 y los 10 Cº, aunque la máxima actividad en la floración y en la visita de los insectos que, como la abeja, permiten su polinización, no se produce hasta alcanzar temperaturas de entre 16 y 24 Cº. Algunos animales, como las ranas, son incapaces de controlar la temperatura de su cuerpo, que se iguala a la del aire o el agua que las rodea: si hace frío su metabolismo decrece y se ralentiza, pero si el calor es excesivo se aceleran sus reacciones químicas hasta fatigarlas.

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Huellas en blanco (Fotos: JMª Montero)

Algunos escarabajos sienten la necesidad de enterrarse cuando el número de horas de luz disminuye por debajo de un límite, aunque previamente, cuando el día ha ido decreciendo, han multiplicado su ingesta de alimentos. Animales más evolucionados, como los murciélagos, también detienen su actividad durante el periodo más frío del año, y en este caso es la temperatura la que marca el inicio de esta pausa. Agrupados en colonias, colgados cabeza abajo en oquedades y cuevas, esperan la llegada del buen tiempo, empleando entonces las reservas energéticas que han almacenado en su cuerpo para realizar los primeros vuelos en busca de comida. Visitas inoportunas, de excursionistas o espeleólogos, a estos refugios durante los meses invernales pueden causar una verdadera catástrofe, ya que las colonias pueden despertarse, agotar sus reservas y morir.

Siguiendo un comportamiento parecido hay árboles que mantienen sus yemas en reposo durante esta época, o bien, en el caso de algunas plantas, suelen permanecer inactivas bajo el suelo. Cada especie reacciona a un activador diferente o a la combinación de varios, normalmente horas de luz y temperatura.

Seguramente todas estas explicaciones no bastaron para mitigar el asombro que nos provocó la nevada, ni tampoco fueron suficientes para saciar la curiosidad, casi infinita, que despierta la naturaleza en cualquiera de sus manifestaciones. La razón se queda corta y siempre pide al corazón que le eche una mano…

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¡ Qué buena campaña publicitaria para anunciar la nueva estación ! (Foto: JMª Montero)

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