Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘mamíferos marinos’

ecobasalt-nueva-sustancia-para-limpiar-vertidos-de-petroleo

Las fracciones menos densas de los hidrocarburos que se vierten al mar, aunque sea en pequeñas cantidades, se acumulan en la superficie y terminan afectando al sistema respiratorio de múltiples animales o les provocan intoxicaciones por ingestión.

Hay quien, para calmar las conciencias y maquillar su ignorancia, ha considerado que el vertido (el penúltimo vertido) de entre 500 y 2.000 litros de fuel en la bahía de Algeciras (Cádiz), registrado la noche del pasado martes, es un asunto irrelevante desde el punto de vista ambiental. Al parecer, un fallo mecánico en la monoboya de Cepsa causó el escape que, finalmente, y según este grupo de optimistas, arrojó al mar una cantidad bien pequeña de hidrocarburos, afectando a un tramo de playa de apenas 500 metros («lineales y discontinuos«) y no causando daños a ningún enclave natural de importancia. Pero, ¿de verdad hay vertidos irrelevantes? ¿Existen las mareas negras intrascendentes?

Lo cierto es que, más allá de ese falso optimismo, nunca deben despreciarse las  alteraciones que causan ciertos derrames, como el que se ha producido en la bahía de Algeciras, atendiendo únicamente a la cantidad de hidrocarburos liberada.  

El volumen de un vertido, advierten los especialistas, no dice mucho sobre su capacidad para generar daños ambientales de gravedad. El impacto de una marea negra viene determinado por múltiples factores: tipo de hidrocarburo, condiciones climáticas, capacidad de evaporación y biodegradación, y, sobre todo, sensibilidad de los ecosistemas afectados. En lo que respecta a esta última circunstancia, las aguas de la bahía de Algeciras y, en general, del estrecho de Gibraltar, son particularmente frágiles, ya que reúnen una elevada biodiversidad, son de zona de paso para multitud de cetáceos y tortugas marinas amenazadas y forman parte del pasillo migratorio por el que transitan millones de aves protegidas.

Las manchas de hidrocarburos, aunque sean de pequeño tamaño, reducen o imposibilitan la entrada de luz al medio marino, dificultando la actividad fotosintética de algas y fanerógamas. Precisamente, el desarrollo industrial, y el intenso tráfico de buques, acabó con las extensas praderas submarinas que, hasta los años 60 del pasado siglo, tapizaban unos cuatro kilómetros cuadrados de la bahía de Algeciras y servían de refugio a numerosas especies animales y vegetales. Aún así, este es un territorio que aún conserva un llamativo muestrario de seres vivos. El Laboratorio de Biología Marina de la Universidad de Sevilla ha censado, en el área del Estrecho y en la propia bahía de Algeciras, más de 1.700 especies de flora y fauna diferentes, de las que medio centenar eran desconocidas para la ciencia y alrededor de 500 se localizaban por primera vez en aguas andaluzas.

Parte de esta riqueza también está al alcance de los ojos de un profano, ya que en el interior de la bahía de Algeciras es fácil observar ejemplares de delfín común, listado o mular, así como calderones comunes. Asimismo, se han registrado observaciones de otros cetáceos protegidos, como orcas, ballenas o zifios. Todos ellos, junto a las tortugas marinas, deambulan por la delgada frontera que separa el mar del cielo. La interfase agua-aire, su territorio natural, es la que sufre mayores alteraciones debidas a la contaminación por hidrocarburos, ya que las fracciones menos densas de estos productos, aunque sea en pequeñas cantidades, se acumulan en la superficie marina y terminan afectando al sistema respiratorio de estos animales, o bien les provocan intoxicaciones al ser ingeridos (lo mismo que ocurre con las aves cuando picotean sus plumas para librarse del fuel). Aunque los restos de alquitrán terminan por desaparecer de la vista en poco tiempo, permanecen en los fondos durante largos periodos o bien son arrastrados a gran distancia por las corrientes. A veces forman bolas, que los especialistas denominan tarballs, capaces de retornar a la costa cuando el vertido parecía superado.

Si no es posible evitar la llegada de los hidrocarburos a la costa, como ha ocurrido en este y otros vertidos, las labores de limpieza, a pie de arena, resultan decisivas, siempre que se ejecuten con cuidado y no se apliquen tratamientos puramente “estéticos” que, por agresivos, pueden perjudicar a los ecosistemas en mayor medida que la propia marea negra.

 

Read Full Post »

Hace unos días nos preguntaron en Twitter qué hacía un equipo de Espacio Protegido (@EspacioCanalSur) grabando en un delfinario. Aunque, como es lógico, no todos estos recintos pueden juzgarse de la misma manera, lo cierto es que nuestro programa siempre se ha mostrado particularmente sensible al cautiverio de determinados animales. ¿Es lícito usarlos para nuestro entretenimiento? ¿Los delfinarios contribuyen a la conservación de estas especies? ¿Las condiciones de vida de estos mamíferos marinos son aceptables en este tipo de instalaciones?

Algunos especialistas, como Koen Van Waerebeek, del Centro Peruano de Estudios Cetológicos, han analizado con detalle el sufrimiento de los delfines sometidos a cautividad, y es por ello que rechazan cualquier componente educativa en aquellos espectáculos en los que se utilizan cetáceos. “Desde cualquier punto de vista”, asegura Van Waerebeek, “la óptima manera de difundir la educación y respeto hacia los mamíferos marinos es la observación directa en su ambiente natural, y en libertad”.

“El cautiverio de delfines y ballenas”, sostiene Priscilla Cubero, presidenta de la Fundación Promar, “es siempre negativo, con independencia de si se les usa para espectáculos, terapias o cualquier otro fin, porque estos animales pertenecen al océano y su valor radica en su libertad, no en entretenernos a nosotros”.

Idéntica es la opinión de los promotores de The Dolphin Project (organización internacional que, desde 1970, reclama la libertad de los delfines cautivos) para los que estos delfines prisioneros  “son monstruos creados para nuestra diversión, y, por eso, mostrarlos no tiene ningún valor social ni educativo”. En un par de interrogantes resumen esta postura: “¿Cómo pueden percatarse los espectadores de la importancia que tiene preservar los delfines en la naturaleza cuando los que están viendo fueron robados de la misma o han nacido en cautividad sin ver jamás el océano? ¿Cómo pueden aprender nada acerca de la verdadera naturaleza de estos animales cuando son entrenados para desarrollar trucos circenses que repiten por la recompensa de un pescado muerto?”.

“El engaño de que un delfín de espectáculo es feliz”, continúan los especialistas de The Dolphin Project, “viene dado por la parafernalia con que se intenta presentarlo: un escenario brillante y teatral, el agua incitantemente azul de los tanques, la música sonando, y los delfines, siempre sonrientes, saltando dentro de los aros, jugando al baloncesto y llevando a sus entrenadores a la espalda”. En realidad, estas actividades “no son, como es lógico, parte del comportamiento natural de estos animales salvajes, y si las llevan a cabo es porque dependen totalmente del entrenador para su alimentación”.

No es fácil asomarse, con rigor, a una realidad compleja y polémica, evitando la simplificación o el maniqueismo, pero es lo que tratamos de hacer todas las semanas en Espacio Protegido, en CanalSur Televisión (http://www.canalsuralacarta.es/television/programa/espacio-protegido/28).

 

Read Full Post »