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Posts Tagged ‘Mascarpone’

Instalados, a pesar de todo (aunque no sabemos por cuánto tiempo), en la sofisticación y el derroche propios de los países ricos (¿ricos?), hemos ido despreciando alimentos sencillos que en nuestra infancia alegraban la mesa y ahora nos parecen, siendo benevolentes, arcaicos. Los melocotones en almíbar, al menos en mi casa, rozaban la categoría de delicatessen, sobre todo unos de enorme calibre que venían envasados en un descomunal frasco de cristal.

Confieso que, aunque goloso, a mí nunca me entusiasmaron este tipo de frutas azucaradas porque el almíbar me resultaba empalagoso. Sin embargo, hoy rescato los melocotones en almíbar del baúl de las comidas antiguas para componer un postre sencillo y delicioso. La idea original de la receta la trajo Maite desde La Plana (Barcelona), después de un encuentro de yoga en el que la buena mesa contribuyó, sin duda, al cultivo del cuerpo y el espíritu.

Como es costumbre, la receta original la he tuneado un poco, aligerando el dulce, potenciando la cremosidad y añadiendo un toque crujiente.

1 lata de melocotones en almíbar (de la mejor calidad)

1 tarrina de queso mascarpone (alrededor de 400 gramos)

1 tarrina de requesón (unos 250 gramos)

1 cucharada de dulce de leche

1 paquete pequeño de almendras crocanti  

Sacamos los melocotones de la lata y los lavamos para eliminar el almíbar y reducir así el empalago. En un bol mezclamos bien el mascarpone, el requesón, una cucharada de dulce de leche y una cantidad generosa de crocanti de almendras. Con esta crema vamos rellenando las mitades de melocotón y rematamos con más almendras (podemos adornar con un poco de caramelo casero, dulce de leche o con unas virutas de canela). Servimos bien frío.

A mí este postre me gusta tomarlo con una copita de oloroso (el montillano  de las bodegas Pérez Barquero… espectacular), o de un buen cream de Jerez (como el Colosía, por ejemplo).

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El tiramisú de piñones a mitad de faena (Foto: JMª Montero)

Esta Nochebuena me ha tocado el postre. Con la familia uno no puede, no debe, arriesgar, y menos aún si el número de comensales supera la veintena. Los hay de todas las edades, de varios países y de gustos muy diferentes. Así es que vamos a cocinar sobre seguro: tres fuentes de un tiramisú de piñones que sale (casi) siempre bueno.

Para cada una de las fuentes: café solo, licor de almendras (Amaretto) o de avellanas, chocolate negro para fundir, azúcar, piñones, un paquete de bizcochos de soletilla (24 unidades), 500 ml de nata para montar (la que tiene más de un 35 % de materia grasa), tres huevos, una tarrina de queso Mascarpone (250 ml) y cacao en polvo.

Se prepara medio litro de café solo bien cargado, al que se añade, cuando esté hecho, un chorreón de licor (Amaretto o de avellanas) y unos 50 gramos de chocolate negro (para que se funda en el café caliente). Se reserva.

En el frigorífico habremos enfriado un cuenco metálico (o de cristal, si no hay más remedio) en el que montaremos, a golpe de batidora o varillas, la nata (que también debe estar bien fría). Añadimos un par de cucharadas soperas de azúcar y reservamos.

Separamos las yemas y las claras de los tres huevos. Se montan las claras, a punto de nieve, con unas gotas de limón o vinagre, y se reservan. Mezclamos las tres yemas con otras dos cucharadas de azúcar hasta que queden cremosas, y entonces, con mucho cuidado, añadimos unos 100 gramos de piñones molidos y el queso Mascarpone, obteniendo una pasta uniforme, sin grumos. Se mezclan, de nuevo con mucho cuidado, la nata y las claras, y finalmente, las yemas con el Mascarpone y los piñones. Se trabajan con delicadeza todos estos elementos hasta que la crema quede bien trabada.

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Y esto es lo que quedó en el plato… (Foto: JMª Montero)

En un molde bien hondo se van disponiendo capas de bizcochos de soletilla (capas compactas, sin huecos) levemente mojados en la mezcla de café, licor y chocolate. Se mojan con cuidado, apenas en la superficie, sin empaparlos demasiado, para que no se deshaga el bizcocho. Sobre cada capa de  bizcocho se dispone una capa de crema y así hasta coronar con la última capa de crema. Se adorna con cacao en polvo, piñones y chocolate negro rayado o fundido (este último lo podemos distribuir de forma caótica con una cucharilla, dibujando al modo de Jackson Pollock).

Como suele ocurrir con tantos platos, este tiramisú está mucho más rico si lo dejamos reposar en el frigorífico un mínimo de cuatro o cinco horas (lo ideal es hacerlo de un día para otro). Y el que sobre… para el desayuno del día de Navidad.

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