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Posts Tagged ‘meteoropatologías’

 

Los casos de gripe han aumentado ligeramente en la primera semana del año y se observa una tendencia a la estabilización, lo que significa que estamos próximos a alcanzar la máxima incidencia gripal de la temporada. Así lo indica el último informe del Sistema de Vigilancia de la Gripe en España que certifica, con respecto a los datos del pasado año, una mayor incidencia de la enfermedad este invierno.

Pero, ¿por qué a la gripe le gusta tanto el invierno? La evidente relación del virus con esta época del año se creía sobre todo vinculada al hecho de que durante los meses más fríos acostumbramos a permanecer agrupados, y durante muchas horas al día, en espacios cerrados. Sin embargo, diferentes investigaciones han demostrado que, al margen de comportamientos sociales que favorecen la transmisión del patógeno, el indice de contagio aumenta de manera considerable en condiciones de baja temperatura y cuando la humedad relativa del aire también es reducida. Este tipo de circunstancias ambientales, en donde predomina el aire frío y seco, podrían por un lado favorecer la estabilidad del virus y por otro disminuir la eficacia de algunos de nuestros mecanismos de defensa, como la barrera mucosa de la nariz.

El caso es que, sin duda, las condiciones meteorológicas están directamente relacionadas con un buen número de dolencias y es nuestra sorprendente capacidad de adaptación la que nos expone a estos riesgos. Son mayoría los especialistas que sostienen que los humanos están diseñados para vivir en un ambiente tropical, cálido y húmedo, donde no existan grandes fluctuaciones de temperatura que puedan dificultar el esfuerzo metabólico de mantener el cuerpo entre 36 y 37 ºC. Pero lo cierto es que el organismo cuenta con sofisticados mecanismos para aclimatarse a situaciones extremas, compensando el frío o el calor del ambiente, recurso que ha permitido el poblamiento de lugares inhóspitos como desiertos o zonas polares.

Lo que no ha podido evitar la naturaleza humana, ni tan siquiera los avances médicos, es la influencia de los factores ambientales en la salud. Hay numerosas enfermedades que aparecen o se agravan ante determinadas condiciones atmosféricas. Conocidas como meteoropatologías, las más frecuentes son las de tipo inflamatorio, como el reuma, además de los dolores de cabeza, las crisis asmáticas, eczemas, arritmias o cambios en la tensión arterial. También son frecuentes las alteraciones psicológicas asociadas a los cambios de estación, o la aparición de algunas epidemias coincidiendo con situaciones atmosféricas que se repiten de forma cíclica. Junto a la gripe, que todos los años nos visita en época invernal, hay otras infecciones que muestran cierta predilección por determinados periodos del año como la temida meningitis.

El invierno es quizás la estación en la que más claramente se observa la influencia del tiempo en la salud. La aparición de los primeros frentes fríos, acompañados de depresiones atmosféricas y lluvias, dibujan un panorama poco propicio para los cardiacos, asmáticos y reumáticos, como reflejan algunas estadísticas médicas. Las tensiones vasculares que puede provocar este cambio estacional se reflejan, igualmente, en enfermedades como la arterioesclerosis, hipertensión o úlceras de estómago. Las variaciones de presión afectan a las articulaciones  y a los gases que se acumulan en algunas partes del cuerpo, particularmente en los intestinos, provocando molestias de distinto tipo.

Está claramente establecido que la mayor parte de las afecciones respiratorias presentan una relación inversa, muy estrecha, con la temperatura, aumentando los casos de asma o bronquitis en los periodos fríos. También aparece una fuerte correlación entre las situaciones de bajas presiones y las alteraciones agudas del sistema circulatorio. De hecho, la formación de coágulos o el desarrollo de apoplejías, colapsos y embolias figuran entre las causas de muerte más dependientes de las condiciones atmosféricas.

Una de las meteoropatologías más frecuentes asociadas con el cambio de estación es la astenia, ese decaimiento general que empuja a la melancolía y facilita la aparición de algunas dolencias. Los episodios asténicos se suelen producir en primavera y otoño, y a menudo provocan la aparición de crisis en enfermedades crónicas. Parece ser que, en virtud de un cierto ritmo interior, los nacidos en verano son más propensos a la astenia otoñal y los nacidos en invierno acusan con más intensidad el cambio primaveral.

Aunque todas las personas perciben las alteraciones del tiempo hay individuos particularmente sensibles para los que un cambio de estación, o una modificación brusca de las condiciones ambientales, puede convertirse en un verdadero suplicio al aparecer dolores en las articulaciones o en viejas heridas, cefaleas o molestias estomacales, sobre todo úlceras que despiertan de su letargo. Habitualmente se considera que un 25 % de la población pertenece a este grupo, un porcentaje elevado que se nutre, en gran medida, de ancianos y niños cuyo sistema de adaptación a los estímulos externos no responde de forma óptima.

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La erupción solar fotografiada por la NASA el pasado lunes, 23 de enero.

Aunque la lluvia se resiste a aparecer, el invierno ya está aquí. Esta mañana he trabajado en el campo con una espesa niebla y a poco más de 5 ºC, y eso, aquí, en el sur del sur, es frío, mucho frío. Supongo que después de estas tres líneas mis amigos mexicanos Ciro e Inés, que tras su singladura sevillana me escriben desde tierras canadienses (Québec, en donde esta semana los termómetros alcanzarán mínimas de 23 grados bajo cero) deben estar partiéndose de risa (eso sí, sin abrir mucho la boca para no morir de neumonía fulminante).

Son mayoría los especialistas que sostienen que el hombre está diseñado para vivir en un ambiente tropical, cálido y húmedo, donde no existan grandes fluctuaciones de temperatura que puedan dificultar el esfuerzo metabólico de mantener el cuerpo entre 36 y 37 ºC. Pero lo cierto es que el organismo cuenta con sofisticados mecanismos para aclimatarse a situaciones extremas, compensando el frío o el calor del ambiente, recurso que ha permitido el poblamiento de lugares inhóspitos como desiertos o zonas polares.

Lo que no ha podido evitar la naturaleza humana, ni tan siquiera los avances médicos, es la influencia de los factores ambientales en la salud. Hay numerosas enfermedades que aparecen o se agravan ante determinadas condiciones atmosféricas. Conocidas como meteoropatologías, las más frecuentes son las de tipo inflamatorio, como el reuma, además de los dolores de cabeza, las crisis asmáticas, eczemas, arritmias o cambios en la tensión arterial. También son frecuentes las alteraciones psicológicas asociadas a los cambios de estación, o la aparición de algunas epidemias coincidiendo con situaciones atmosféricas que se repiten de forma cíclica. Junto a la gripe, que todos los años nos visita en esta época, hay otras infecciones que muestran cierta predilección por determinados periodos del año como la temida meningitis.

Pero no todas las alteraciones en la salud o la conducta se deben a factores meteorológicos, también existen los llamados “factores cósmicos”. Por ejemplo, las distintas fases lunares provocan lo que algunos autores han denominado “mareas biológicas”, de manera que los líquidos corporales sufrirían los mismos efectos que mares y océanos. Algunas investigaciones médicas han relacionado los periodos de luna llena con una mayor incidencia de las hemorragias, ya sean producto de una intervención quirúrgica o de alguna lesión.

A este respecto, los especialistas en esta materia advierten que los primeros estudios sobre la influencia de la luna no partieron de estamentos médicos, sino de algunas comisarías norteamericanas que observaron cierta relación entre las fases lunares y la comisión de delitos. Nuestro satélite provoca perturbaciones electromagnéticas en la atmósfera, responsables de episodios de irritabilidad o nerviosismo similares a los producidos por tormentas o vientos. Epilepsias y crisis maniaco-depresivas parecen agravarse en periodos cercanos a la luna llena y nueva.

Aunque imposibles de observar a simple vista, las alteraciones en la actividad solar también repercuten en los organismos vivos. Los periodos de máxima actividad, que se repiten cíclicamente cada 22 años, o la brusca aparición de protuberancias sobre la superficie solar, provocan en la Tierra tormentas electromagnéticas que, además de interferir en las emisiones de radio y televisión, alterar el funcionamiento de las brújulas o complicar las comunicaciones vía satélite, han sido relacionadas con una mayor frecuencia de enfermedades víricas y cardiacas, accidentes y plagas.

Precisamente una de las noticias que mayor interés (e inquietud) ha despertado estos días es la que advierte de una importante erupción solar, la mayor registrada en los últimos seis años, que estará alcanzando la Tierra justamente cuando escribo estas líneas (http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/gran-tormenta-magnetica-solar-llega-tierra-1351242).

Un enorme rayo de sol…

 

P.D.: Con buen criterio un lector duda del rigor científico con el que ha sido redactado este enorme rayo de sol. En el caso que nos ocupa mi principal fuente de información fue, en su día, el doctor Juan Ramón Zaragoza Rubira, catedrático de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Sevilla, especialista en meteoropatologías, y quien también había trabajado en el estudio de la influencia que ciertos factores cósmicos (como la actividad solar o las fases lunares) tienen en la salud y el comportamiento humanos. Algunas de las entrevistas que le hice sobre este tema las publiqué en la edición andaluza del diario El País.

Otras referencias, fiables, sobre la influencia de la actividad solar en la salud y el comportamiento humanos se encuentran, asimismo, en la obra “Aspectos humanos y sociales en Meteorología y Climatología”, editado por el Instituto Nacional de Meteorología.

Y tampoco es difícil encontrar algunas referencias, recientes, que nos remiten a estudios científicos sobre este particular:

http://theweek.com/article/index/218318/did-solar-flares-cause-the-london-riots

http://www.examiner.com/pop-culture-in-hartford/solar-flare-radiation-geomagnetic-storms-behavior-moods-and-suicide-rates

Como ocurre en otros muchos campos del conocimiento aún hay muchas incógnitas por despejar, pero creo que también hay suficientes evidencias científicas para citar, sin pudor ni atrevimiento excesivo, esa relación entre actividad solar, salud y comportamiento humano.

 

 

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