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Posts Tagged ‘Nauplia’

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Si tardo en hacer la foto mis niños no dejan ni una molécula de mousaka para la posteridad…

En el verano de 1986, con poco dinero y mucho atrevimiento, recorrí, recorrimos, el norte de Italia, la antigua Yugoslavia, Grecia, buena parte de Turquía y un pellizco de Bulgaria… en autobús. En mi descargo diré que los vuelos low cost todavía no se habían inventado y que, afortunadamente, viajábamos con menos prisa y muchas menos necesidades que ahora (por ejemplo, no llevaba nada que necesitara ser enchufado o que precisara de cobertura).

Yugoslavia era un apacible destino turístico en el que una guerra parecía imposible; griegos y turcos sí que andaban a la greña, acumulando ceñudos militarotes en la frontera, y Bulgaria languidecía tras el telón de acero. Visitamos tantas ciudades y nos desviamos a tantos rincones perdidos, que hoy, casi treinta años después, no soy capaz de reconstruir la ruta que seguimos ni la bitácora exacta de aquel periplo que nos ocupó más de un mes. Como ya he explicado en este blog, lo único que me permite hilar, en parte, aquella sucesión interminable de paisajes cambiantes son las comidas y bebidas de las que fui disfrutando con absoluta despreocupación (ni los ingredientes exóticos ni la higiene dudosa me hicieron renunciar a un plato desconocido).

Recuerdo un picante goulash en algún punto indeterminado de la carretera que nos llevaba desde Belgrado a Skopje; unos dolmadákia me Rizi, regados con retsina, en el ateniense barrio de Plaka; unos mejillones rellenos, cocinados al momento, en un chiringuito bajo el puente Gálata; un pan ácimo, recién horneado y cubierto de cordero, perejil y yogurt, en una pequeña aldea de la Capadocia (¿Akköy?); o una mousaka, soberbia, en Nauplia, mirando al golfo Argólico.

El domingo, esta vez mirando a la bahía de Cádiz, rescaté el espíritu de aquella lejana mousaka, aunque la receta que de ella os propongo es tan heterodoxa que hasta el aceite de oliva ha desaparecido (modificación que roza el anatema) y el queso, que de seguro era feta, se ha convertido en payoyo de la sierra de Grazalema (una de nuestras perdiciones veraniegas). ¿Y de dónde ha salido la canela? En fin, que uno cocina con lo que hay…

3 berenjenas bien grandes

2 calabacines

2 patatas

2 cebollas

1 tomate maduro

2 pechugas de pollo

150 gramos de queso payoyo picado

Bechamel

Mantequilla, pimienta negra en grano, orégano, nuez moscada y canela molida.

Cortamos las berenjenas y los calabacines en rodajas no muy finas, las salamos y las dejamos “sudar” durante unos 30 minutos. Las lavamos para retirar la sal y las secamos. Las colocamos en un recipiente apto para microondas y las cocemos en su propio jugo durante unos 10 minutos a máxima potencia (800 W).

Cortamos la patata y la cebolla en rodajas muy finas y las freímos, a fuego medio, hasta que estén bien pochadas. Escurrimos el aceite sobrante y reservamos.

Picamos la otra cebolla y la freímos poniendo mantequilla en la sartén. Cuando esté dorada añadimos la pechuga de pollo cortada en daditos pequeños. Aliñamos con un majado de cinco o seis granos de pimienta negra, un pellizco generoso de orégano, un pellizco de nuez moscada molida y media cucharadita de canela molida. Salamos. Cuando la carne esté bien hecha añadimos un tomate maduro, pelado y triturado. Dejamos que toda le mezcla se haga bien.

Preparamos la bechamel. Derretimos en un cazo amplio una cucharada de mantequilla y añadimos un par de cucharadas de harina. Removemos y dejamos que la harina coja color sin llegar a quemarse. Mezclamos bien la harina y la mantequilla. Ponemos a calentar medio litro de leche y en el momento que llegue a hervir la añadimos al cazo de la mantequilla y la harina. Apartamos del fuego y removemos, con paciencia, hasta que la mezcla sea homogénea y hayan desaparecido todos los grumos. Volvemos a poner en el fuego (medio-bajo), sin dejar de remover, unos 15 minutos. Retiramos del fuego y sumamos una pizca de sal y una piza de nuez moscada molida.

Añadimos una parte de esta bechamel al guiso de pollo (unas cuatro o cinco cucharadas) y mezclamos bien.

Engrasamos con mantequilla una fuente amplia, apta para horno, y colocamos una primera capa de rodajas de berenjena. Sobre ella una segunda capa de rodajas de calabacín y una tercera capa con el pochado de patata y cebolla. Cubrimos con una capa del guiso de pollo. Repetimos todas las capas y cubrimos, finalmente, con rodajas de berenjena. Añadimos la bechamel y el queso picado, o rallado, bien repartidos.

Colocamos la fuente en el horno a 180 grados (calor sólo en la parte de abajo o distribuido con ventilador) durante unos 15-18 minutos. Finalmente gratinamos al gusto (en casa el queso siempre bien tostadito).

El domingo acompañamos este plato, en el jardín de casa, con un tinto manchego de buena factura: El Vínculo – Edición Limitada – Gran Reserva 2005. La botella llegó de la mano de Luis y Paca, con los que siempre es una fiesta comer, y beber, bien.

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