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Posts Tagged ‘ola de calor’

Hace poco más de un año dediqué un post a los golpes de calor (https://elgatoeneljazmin.wordpress.com/2011/07/08/golpe-de-calor/), pero con la que está cayendo (son cerca de las 11 de la noche y el termómetro, lejos de la gran ciudad, se resiste a bajar de los 32 grados) no tengo más remedio que volver a hablar del infierno.

Hay quien piensa (sobre todo los bárbaros del norte) que los sureños somos un pelín exagerados cuando relatamos los efectos devastadores del calor. Pero no, las alteraciones que nos provoca la caló no forman parte del folclore sureño, son pura ciencia. Y si no lo creen, ahi van algunos datos…

El cuerpo es capaz de hacer frente a una elevación de la temperatura ambiental disipando con variados mecanismos el calor sobrante. Los más efectivos son la dilatación de los vasos sanguíneos (aparece el característico enrojecimiento de la piel), la sudoración y el descenso de la actividad muscular.

En el plazo de una semana se manifiesta un proceso de aclimatación. Se modifican las frecuencias cardiaca y respiratoria, baja la temperatura corporal, aumenta el volumen de sudoración (hasta tres litros por hora) y se incrementa la eficacia muscular (a igual trabajo se genera menos calor). Sin embargo, cuando las condiciones ambientales adversas se prolongan en el tiempo (temperatura superior a 35 grados y humedad por encima del 60 %), los mecanismos de adaptación comienzan a fallar y el organismo puede terminar por colapsarse, apareciendo el temido golpe de calor. En este vía crucis tienen especial relevancia las temperaturas nocturnas, ya que la sensación de calor es más acusada si durante la madrugada la temperatura se mantiene por encima de los 20-25 Cº, la famosa “barrera del insomnio”.

La disposición psicológica influye en esa capacidad de adaptación. Enfrentarse a una ola de calor con el convencimiento de que puede controlarse la situación ayuda al organismo a hacer frente a un ambiente hostil. Los aumentos moderados de temperatura aumentan la activación, con lo que mejoran los rendimientos en las tareas fáciles y empeoran relativamente en las difíciles. Pasado un cierto punto, en torno a los 35 grados, la activación comienza a disminuir y se hacen cada vez más difíciles tareas como la vigilancia, la conducción de automóviles o el cálculo mental.

En personas sensibles, las habituales conversaciones recurrentes en las que se magnifican los niveles y efectos de las altas temperaturas dificultan la aclimatación psicológica.

La conducta social también resulta modificada en estas circunstancias meteorológicas. Es habitual que aumente la distancia física interpersonal porque buscamos apartarnos de otros individuos como defensa contra el calor que producen. En pruebas de laboratorio se ha comprobado cómo se tiende a calificar peor a desconocidos cuando la temperatura es elevada.

Algunos investigadores han encontrado una correlación estadística entre las olas de calor y el inicio de motines, revueltas y otros desordenes. Si bien las relaciones entre agresividad y temperatura son complejas, parece que los ambientes calurosos favorecen las conductas agresivas en individuos que habitualmente no son irritables y las reducen en personas más temperamentales.

En Andalucia, una ola de calor sirve también para poner en evidencia los diferentes mecanismos de apoyo social que funcionan en áreas urbanas y rurales. Los fallecimientos por golpes de calor se concentran en las grandes ciudades y en personas mayores, mientras que en los pueblos, donde existe un mayor control y apoyo de la colectividad, la tasa de mortalidad es menor.

 

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Las repentinas e inesperadas “olas de calor” no son una rareza en estas tierras del sur. Para lo bueno y para lo malo la clave está en los vientos. En Sevilla cuando soplan del sureste suelen ser de procedencia africana, y en su viaje a través de las cordilleras béticas (Ronda o Grazalema) se recalientan lo suficiente como para convertir la ciudad en un infierno. La tortura acaba, igualmente, de una forma brusca: los vientos cambian a componente suroeste, de procedencia atlántica, y la temperatura máxima llega a caer hasta 10 Cº en apenas 24 horas

En Málaga, sin embargo, los aires africanos se refrescan a su paso por el mar de Alborán y llegan a la costa rebajados de temperatura. En esta capital los que provocan el sofoco suelen ser los conocidos como terrales, vientos procedentes de la meseta y recalentados a su paso por las serranías cercanas a la ciudad.

Al margen de las condiciones que dicta la propia naturaleza, la estructura y la dinámica de las grandes urbes también contribuye a empeorar la situación. La temperatura es más elevada dentro del recinto urbano que en el exterior, un efecto que los  meteorólogos denominan “isla de calor”. No es difícil imaginar quiénes son los responsables del mismo: industrias, aparatos de climatización, automóviles e, incluso, los procesos metabólicos de los mismos ciudadanos. Además, los materiales de pavimentación más comunes (asfalto, cemento o piedra) absorben y conducen el calor más deprisa que un suelo esponjoso y húmedo.

 

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