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Posts Tagged ‘pimienta negra’

Lamento comunicar a los que han llegado a este blog atraídos por el título de esta entrada que las pechugas no son de Lourdes sino de pollo, y que Lourdes es la amiga que nos pasó esta receta, tan sencilla, hace algún tiempo. Si me he decidido por un título que llama a equívoco (aunque la foto no deja lugar a dudas) es porque en casa siempre nos referimos a este plato como “las pechugas de Lourdes” y así, además, me lo reclaman mis hijos. Justamente los niños suelen ser los más fervientes admiradores de una preparación tan simple como sabrosa, de esas que nos sacaran de un apuro en más de una ocasión y que son ideales para dejar cocinadas con tiempo, sin prestar apenas atención a los fogones, para resolver una comida o una cena en la que no queremos estar pringados en la cocina.

La receta pertenece, además, al socorrido grupo de “agarro-los-ingredientes-los-meto-todos-en-la-olla-al-mismo-tiempo-y-me-olvido”.  Hablamos, pues, de cocina de supervivencia, esa que ha dado platos tan ricos como éste.

Limpiamos un par de pechugas de pollo y las dejamos enteras (si son muy gruesas podemos trocearlas un poco). En una sartén honda y amplia, de fondo grueso, ponemos las pechugas y añadimos medio vaso de aceite de oliva, medio vaso de vinagre de vino (si es de Jerez, mejor), un golpe de pimienta negra molida, sal a gusto de los comensales, unos cuantos dientes de ajo enteros y sin pelar (aunque con un par de cortes hechos) y dos cucharadas soperas de azúcar. Mezclamos todo bien y ponemos la sartén a fuego medio, tapada. Dejamos que se cocine, sin especiales cuidados, hasta que la mezcla de aceite y vinagre se haya consumido, dejando una salsa oscura y algo espesa.

Mojar pan es casi inevitable. Así son las pechugas de Lourdes…

P.D.: Glups !!! En la primera versión de este post olvidé la hoja de laurel, im-pres-cin-di-ble.

Versión 2.0. Una vez cocinado el pollo se trocea en dados. Pelamos una manzana y también la troceamos en dados que iremos emborrizando en una mezcla de sésamo tostado, pimienta negra recién molida y canela. En palillos de madera ensartaremos, como pinchitos, un dado de manzana, un dado de pollo y otro dado de manzana. Se puede tomar caliente o frio.

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Esta noche también he improvisado (no hay manera de planificarse, o sí la hay… pero es aburrido). Al domingo, en la cocina, hay que despedirlo como merece, haciendo que el fin de semana se prolongue un poquito más en el paladar.

Para empezar he cogido un manojo, pequeñito (20 o 25 gramos), de algas secas (Spaguettis de mar, Himanthalia elongata). Suena exótico pero lo cierto es que las vende una empresa gallega (Algamar, http://www.algamar.com/) que hace poco obtuvo un premio de la Fundación Biodiversidad por poner en marcha una actividad tan sana y sostenible como ésta. Los paquetes de estas verduras oceánicas se pueden encontrar en grandes superficies y en tiendas de productos ecológicos y naturales. Pues eso, he puesto a hervir estos spaguettis de mar en una olla con abundante agua. Han hervido 20 minutos y luego le he añadido un puñado de tirabuzones de pasta convencional, que han hervido, con la buena compañía de las algas, nueve minutos más.

Mientras cocían algas y tirabuzones he preparado una salsa de gorgonzola, naranja y pimienta negra. En un plato hondo he triturado, con el tenedor, unos 100 gramos de queso gorgonzola, el zumo de media naranja, la ralladura de esa piel de naranja y un golpe de pimienta negra recién molida. He batido, en un cuenco metálico bien frío, un brick pequeño de nata para cocinar hasta dejarla espesa. He mezclado la nata y la pasta de gorgonzola-naranja. He corregido de pimienta y de sal.

En una sartén he salteado, con unas gotas de aceite de oliva y a fuego fuerte, una docena de gambas peladas, y las he rematado con un puñado de sésamo tostado. Y a este revuelto, ya a fuego muy bajo, he añadido la salsa de gorgonzola, nata y naranja. Se aparta y reserva, sin dejar que se enfríe mucho.

He colado las algas y la pasta, he repartido ambas en los platos y cada ración la he cubierto con una generosa porción de salsa. Y a cenar. Una mezcla para despedir, como se merece, a Don Domingo.

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Aunque fuera un triste martes (o precisamente por eso) anoche cociné un magret de pato que andaba pidiendo guerra desde el fin de semana.
La elaboración en sartén se ajustó a los cánones más clásicos: se dibujan unos cortes en forma de rombo en el lado de la piel (sin dañar la carne); se pone la sartén antiadherente a fuego fuerte, sin aceite, y se coloca el magret por el lado de la piel (3 minutos a fuego fuerte y 5 minutos más a fuego moderado); mejor lo tapamos para que la grasa no nos salpique; le damos la vuelta y por el lado de la carne lo dejamos, a fuego moderado, 6 minutos más; se deja reposar ( ya fuera del fuego pero tapado) 5 minutos más. Se corta el magret en medallones y si os gusta un poco más hecho podemos pasarlo por la sartén caliente, con la misma grasa que ha soltado (vuelta y vuelta).
Donde tratamos de innovar un poco fue en la salsa: en la misma sartén donde quedó la grasa del magret añadimos, a fuego muy suave, una cucharada de mantequilla, una cucharada de miel, un poco de sal gorda y abundante pimienta negra (molida en el momento). Y nos quedamos con la duda de si hubiera casado, también, un poco de vinagre de manzana. Saldremos de dudas con el próximo magret… porque de este no quedó ni un átomo.

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